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Paseando por el Palais Royal

Palais Royal. Foto: Bárbara

¿Se acuerdan de «Charada», la magnifica película de Stanley Donen? Durante años, la asociaba a Hitchcock; quizás, aparte de mi ignorancia, porque la factura del maestro del misterio estaba presente en este thriller con tintes de comedia amable, intriga muy bien dosificada y unos actores de primera. La buena química entre el siempre impecable Cary Grant y  la  angelical Audry Hepburn funciona en cada plano, en cada escena. De él se dijo que era ya demasiado maduro para dar la réplica a una deliciosa actriz vestida por Givenchy de manera elegantísima. Como fan de Cary Grant, nunca he estado de acuerdo; un señor así no tiene edad. La espléndida fotografía de Charles Lang Jr. nos regala unas vistas de París impagables lo que, unido a la fabulosa música de Henry Mancini, hace posible un «viaje»  genial a la ciudad desde la butaca del cine o el sofá de casa. El guión, responsabilidad de Peter Stone, es de aquellos en que las palabras tenían fuerza, chispa y en los que se desarrollaban unos diálogos inteligentes (¡qué tiempos!). Walter Matthau, James Coburn y George Kennedy dan vida a sus personajes respectivos con una eficacia rotunda. Una película redonda de esas que una no se cansa de ver, de esas en las que, al contrario, ganan con el tiempo y donde la vis cómica del actor inglés permite momentos muy divertidos.

La foto adjunta corresponde al patio de las columnas del Palais Royal, lugar donde se inicia el desenlace de este thriller tan soberbio y que termina en el interior del teatro de «La Comédie Française», situada justo al lado del Palais. ¿Se acuerdan del tiroteo entre Cary Grant y Walter Matthau parapetados ambos en las columnas con una Audry Hepburn deconcertada sin saber a quién creer?

Faulkner, «Miss Zilphia Gant». Y además guionista en Hollywood.

Se cumplen cincuenta años de la muerte del premio Nobel de literatura William Faulkner. Debo decir que tengo adicción por las novelas cortas, las prefiero a esos volúmenes larguísimos tan de moda, tipo best-sellers. Lo que digo es que lo breve, si bueno, es doblemente bueno y sobre todo escaso, pues nos sabe a poco. Acabo de descubrir y de leer una novela corta editada por Tusquets en 1971, «Miss Zilphia Gant», de Cuadernos Marginales. Esta joya se publicó en Dallas en el 32, con posterioridad en Italia en el 59 y Tusquets la rescató podríamos decir del olvido (en Estados Unidos no se había vuelto a imprimir). Es una obra intermedia entre sus dos etapas en la que se percibe la influencia formal de Joyce y de Anderson y en donde se pone de manifiesto la tesis de Freud sobre la represión engendradora de violencia.

Pero hoy lo que quería es agradecer al señor Faulkner su labor como cooguionista de las mejores peliculas del cine de Hollywood de los años cuarenta y cincuenta. Como admiradora del buen cine que se hizo entonces, cuando las películas tenían guión gracias sobre todo a los magníficos escritores que por la guerra se exiliaron de Europa -lo mismo que sucedió con directores de primera fila-, me siento en deuda. ¿Se acuerdan cuando los diálogos eran rápidos, inteligentes, mordaces? ¿Se acuerdan de que en las películas se contaban historias? La primera que me viene a la memoria es una del 44, «Tener o no tener», dirigida por Howard Hawks con actores fantásticos como Humphrey Bogart, Walter Brennan, Lauren Bacall… Pues bien esta obra del séptimo arte debe el guión nada menos que a Faulkner y a Hemingway. Así sí se podía hacer buen cine. Otra insuperable, esta rodada en el 46 en la que Faulkner trabajó como guionista es «El Sueño eterno», igualmente dirigida por Hawks con la pareja Bogart-Bacall. Recuerdo que del rodaje de «La burla del diablo» -una película increíblemente divertida-  se decía que el guión se escribía la noche anterior, claro que los guionistas eran de tal categoría que iban escribiendo el guión sobre la marcha en medio de unas juergas tremendas. Me estoy refiriendo al «equipo» formado por Truman Capote, Bogart, Huston y Peter Lorre.

El trabajo como guionista a Faulkner no le satisfacía lo más mínimo, era un trabajo de subsistencia que todos le agradecemos.