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Clara Peeters, pintora flamenca del XVII.

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Clara Peeters «Alcachofas, cangrejos y cerezas». Colección privada.

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Clara Peeters «Pescado y candelabro». Museo del Parado.

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Clara Peeters «Bodegón con golosinas, romero, vino, joyas y vela encendida». Colección privada.

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Clara Peeters. Óleo sobre tabla. Museo del Prado procedente de la colección de Isabel de Farnesio.

Pintora barroca supuestamente nacida en Amberes que pertenece a ese grupo minoritario de mujeres pintoras del siglo XVII y que, como las italianas, pudo vivir profesionalmente de la pintura por ser hija y nieta de pintores y que, por lo tanto, se formó en el ámbito familiar. Se la considera una de las iniciadoras del bodegón o naturaleza muerte en los Países Bajos. Destacó precozmente en la pintura de bodegones. Su primera obra la firma en 1607; contaba con unos catorce años. Los datos de su biografía son inciertos, si bien investigaciones recientes indican que pudo haber nacido en Malinas hacia 1587, siendo su nombre de nacimiento Clara Lambrechts, casada con el pintor Henrick Peeters. Clara desarrolla una gran actividad hasta 1621. Se conservan 39 obras con su firma. Hay que incidir en el hecho de que en su época a las mujeres pintoras no les estaba permitido el estudio de los cuerpos masculinos desnudos, por lo cual era muy recurrente que se dedicaran, como ella, a la realización de bodegones o a la recreación de temas religiosos o bíblicos femeninos. Meticulosa en el detalle, sus composiciones con objetos metálicos, jarrones, flores, quesos o piezas de caza o pesca, en apariencia sin orden, crean, sin embargo, unos conjuntos de un realismo y colorido magníficos. La belleza y viveza de sus naturalezas muertas hacen de la Peeters una pintora de primerísima fila, que realizó su obra antes de que Velázquez, por ejemplo, se iniciara en la pintura. Una característica de Clara Peeters es la inclusión en los reflejos de sus copas u objetos metálicos de su autorretrato, cosa que imitaron después otros pintores. El Museo Nacional del Prado cuenta en su colección permanente con cuatro de sus mejores bodegones, tres de ellos fechados en 1611. En octubre de 2016 hasta febrero de 217 el Museo Nacional del Prado organizó por primera vez, desde sus 200 años de historia, la exposición de una pintora, la de Clara Peeters. ¡Ya iba siendo hora!

Artemisia Gentileschi, pintora barroca romana.

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Artemisia Gentileschi «Judit y su doncella». Palazzo Pitti (Florencia)

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Artemisia Gentileschi «Autorretrato como alegoría de la Pintura». Royal Collection.

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Artemisia Gentileschi «Judit decapitando a Holofernes»

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Artemisia Gentileschi «Venus y Cupido».

Artemisia Gentileschi es otra magnifica exponente de la pintura barroca del siglo XVII. Nacida en Roma, también aprendió en el taller de su padre, el pintor Orazio Gentileschi, de la escuela naturalista romana de Caravaggio, el dibujo y las técnicas al óleo. En su quehacer desarrolló tema religiosos e históricos y son de destacar sus personajes femeninos como Cleopatra, Judit, Betsabeth… donde muchos ven en ellos un tratamiento marcadamente feminista, quizás también por un hecho que marcó su vida, su violación por parte de su maestro el pintor Agostino Tassi. Este suceso y el siguiente proceso están sobradamente documentados e incluso se han escrito diversas novelas teniendo a Artemisia como eje de la narración. Trabajó en distintas ciudades de Italia y en Londres bajo el auspicio de Carlos I. Comenzó en Roma desde donde pasó a Florencia y allí fue la primera mujer en entrar en la Accademia delle Arti del Disegno. Su extraordinario trabajo de factura impecable obtuvo la protección de Cosme II de Medici; trabajó en Génova y después en Venecia, donde conoció a Sobonisba Anguissola y a Van Dyck, y por primera vez una artista, mujer, recibió el encargo de realizar la pintura al fresco de la iglesia de Pozzuoli, cerca de Nápoles; antes se limitaban a realizar, por encargo, la llamada pintura de caballete. Después de su estancia en Londres, desde 1638 a 1641, regresó a Nápoles donde vivió hasta su muerte sobre 1656. A lo largo de los años, Artemisia realizó diversas versiones de algunos de sus cuadros, como «Judit degollando a Holofernes», que se puede encontrar en los Uffizi de Florencia. Otro caso es el de «María Magdalena como Melancolía», cuya primera versión se encuentra en la Sala del Tesoro de la catedral de Sevilla y la otra en México. Artemisia Gentileschi es una más de las artistas italianas que consiguieron fama internacional por su extraordinaria calidad, la luminosidad de seda de los vestidos, la pincelada prodigiosa y minuciosa, sus empastes y el colorido, acentuando el claroscuro a la manera de Caravaggio. Ese caravaggismo violento con el que retocó alguno de los cuadros de su padre y que no era lo esperado en una pintora. ¡Fantástica Artemisia Gentileschi!

Elisabetta Sirani, de la brillante escuela boloñesa.

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Elisabetta Sirani, «Retrato de Beatrice Cenci»

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Elisabetta Sirani, «Porcia hiriéndose en la pierna»

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Elisabetta Sirani, «Virgen de la pera»

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Elisabetta Sirani, «Autorretrato».

Brillantísima pintora italiana de estilo barroco miembro de la escuela boloñesa del siglo XVII y una de las pocas que tuvo proyección internacional. Nació en 1638 y su prematura muerte con solo 27 años truncó una carrera prodigiosa que, según los entendidos, podría haber seguido los pasos de Lucas Jordano (barroco decorativista); siempre el comparativo masculino en el tema de las artes, aunque solo la contemplación de su pintura nos da una idea de la categoría excelsa de toda su obra. Otra caso de pintora que aprende el oficio en el taller de su padre y así, con diecinueve años, se hace profesional, dado que, por la enfermedad de este, tuvo que hacerse cargo del taller para mantener a la familia. El apoyo que tuvo de su futuro biógrafo, el conde de Malvasía, fue decisivo para obtener el reconocimiento internacional y cabe destacar que, entre sus clientes, se encuentra el Gran Duque Cosme III de Medici. Su prematura muerte estuvo envuelta en polémicas; se culpó a su padre de hacerla trabajar frenéticamente. Sus temas predominantes suelen ser religiosos y a su muerte se pueden catalogar más de doscientas pinturas, amén de dibujos a tinta y lápiz. Sus hermanas, Bárbara y Anna María, también pintoras, trabajaron en el taller familiar así como doce de sus discípulas. Su funeral, que incluyó lecturas poéticas y música, lo presidió un gran catafalco y su efigie a tamaño natural. Está enterrada en la Basílica de Santo Domenico de Bolonia. En sus obras, la Sirani suavizó los claroscuros con sombras tostadas típicas de la escuela de Bolonia, al contrario que en sus dibujos, donde predominan los fuertes contrastes de luces. En España hay catalogadas dos obras suyas en el Palacio de Liria de Madrid. El retrato de Beatrice Cenci, el primero aquí reproducido, es de una belleza y delicadeza exquisita y en él se puede apreciar el llamado «efecto Rafael» que consiste en que coincida el lagrimal del ojo, izquierdo en este caso, con la mitad horizontal del cuadro.

La gran Sofonisba Anguissola, en la corte de Felipe II.

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Sofonisba Anguissola, «Retrato de Felipe II».

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Sofonisba Anguisola, «Autorretrato».

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Sofonisba Anguissola, «Retrato de Elisabeth de Valois»

Sofonisba Anguissola junto con Lavinia Fontana, Artemisia Gentileschi y Clara Peeters forman el pequeño núcleo de pintoras que tuvieron gran éxito en su momento. Sofonisba comparte con Lavinia Fontana y con Clara Peeters el hecho de poder aprender, no en las academias oficiales por su condición de mujeres, sino en los respectivos talleres de pintura de sus padres, pudiéndose hablar, así, de la escuela de Bolonia en el siglo XVII, momento singular en la historia de la pintura, donde destaca la labor portentosa de unas artistas que lograron tener repercusión a pesar de su condición femenina. En el caso de Sofonisba Anguissola pudo retratar en la corte de Felipe II, aunque estuviera allí «oficialmente» como dama de compañía de Isabel de Valois. Sus retratos son, igual que los de Lavinia Fontana, de una magistral técnica, con una detallada descripción de los ornamentos, encajes, bordados, destacando  las sombras tostadas propias de la escuela boloñesa y así lo vemos en el retrato de Isabel de Valois, aquí reproducido; el fondo del retrato de Felipe II es asombrosamente actual, más propio de la pintura del siglo XX.

Lavinia Fontana, extraordinaria pintora del Barroco. II

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«Venus y Cupido».

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«La Sagrada Familia con santa Catherine de Alejandría»

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«Autorretrato con clavicordio y una sirvienta». Galería de los Uffizi.

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«Retrato de Ginebra Aldovandi»

Lavinia Fontana, excelsa pintora nacida en Bolonia, tuvo la suerte de aprender pintura en el taller de su padre y, como dije en el post anterior, casarse con otro pintor alumno de su padre y que este se diera cuenta del genio de su mujer; todo ello propició que el marido de Lavinia se hiciera cargo de los once hijos que tuvieron y que, por ejemplo, le pintase los fondos de los cuadros a fin de facilitar su trabajo. Aunque anecdótico, es de destacar el papel que jugó su marido, todo un ejemplo de feminista en una época nada propicia para el desarrollo profesional de cualquier mujer. Lavinia, manierista, adoptó el colorido de la escuela veneciana y recibió el influjo de Corregio y de Pulzone. En los dos primeros cuadros se puede apreciar el gusto por los detalles, las transparencias, las joyas, con una precisión magistral. La viveza del color y la naturalidad de los personajes retratados, así como su técnica clásica, hacen de Lavinia Fontana una de las mejores pintoras de todos los tiempos. Es una pena que la reproducción de los dos últimos retratos no sea buena y se vean borrosos.

Museo etrusco II (Roma).

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Urna cineraria en forma de casa. Terracota. Último decenio del siglo VII a. C. Necropoli di Monte Abatone.

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Vaso della necropoli della Banditaccia.

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Ánforas, copas, vasos… Necropoli della Banditaccia.

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Sarcofago dei leoni. Cerveteri.

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Necropolis della Banditaccia.

A las afueras de Roma, como ya comenté en el primer post relativo a este museo, se encuentra el Museo Nacional Etrusco, ubicado en la villa Giulia, construida según diseño de Jacopo Barozzi da Vignola, un museo maravilloso, poco visitado a pesar de los tesoros que contiene. Su cerámica tiene ya mucho que ver con la griega y los enterramientos, así como los útiles domésticos, denotan la acción de un pueblo del Lacio refinado, nada tosco, sino todo lo contrario. Pero no solo el contenido de Villa Giulia es magnífico, asombra los bonitos y cuidados jardines que hacen del conjunto un lugar ideal para disfrute de los sentidos.

Vincent van Gogh, dos obras quizás menos conocidas.

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Cuando Vincent van Gogh llega a la Provenza en el invierno de 1888 nevaba; por ello sus primeros cuadros son paisajes donde domina el blanco, espacios nevados de gran serenidad y sobria belleza. Con la llegada de la primavera, descubre la luz del sur y su paleta cambia para pasar a captar la del Mediterráneo. La belleza de los nuevos colores impregnará sus telas y como un «runner» decide recorrer a pie toda la Provenza, visitar los pequeños pueblos costeros, cargando con sus lienzos, conviviendo con los pescadores, pintando todo lo que ve; sintiendo el mar y las olas que rompen en primer plano como en esa marina firmada solo con su nombre. En la segunda obra, con las canoas y el pescador que, pacientemente, espera que piquen los peces en medio de las aguas tranquilas de un río, ¿quizás el pequeño Ródano?; en sus riveras estalla la naturaleza que le rodea, que en la Provenza lo mismo cubre los campos de girasoles como los de lavandas, llenando de amarillos y lilas la paleta de Vincent van Gogh.

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Titulo de la marina: «Paisaje marino en Saintes Maries». Del segundo lo desconozco.

El soldado Marcus Curtius y su sacrificio por Roma.

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Vimos en la galería Borghese el altorrelieve, en mármol, que representa el sacrificio del soldado romano Marcus Curtius que se arrojó al abismo con su caballo en el año 362. Según se cuenta, ese año un terremoto abrió un pozo profundo cerca del Foro que no había manera de cerrar; consultados los augures dijeron que habría que arrojar allí lo más preciado de Roma. El soldado Marcus Curtius pensó que lo más preciado de Roma eran sus soldados y por ello se lanzó al abismo con su caballo. En las fotos se ve el lugar exacto donde se sacrificó el soldado.

Las tumbas de los hermanos Van Gogh.

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Vincent van Gogh está enterrado en el cementerio municipal de Auvers-sur-Oise donde falleció el 29 de Julio de 1890. En la tumba de al lado fue enterrado un año después su hermano Theo. El pueblo se ha convertido en un lugar de peregrinaje para los amantes de la pintura del artista. Theo estuvo acompañando a su hermano durante los dos días que duró su agonía, según este, las últimas palabras que profirió fueron: «La tristesse durera toujour».