Lobo Lunar estaba huido. El 14 de marzo creyó morir; la visión de la Luna de sangre le trastornó de tal manera que se lanzó monte arriba en una carrera desesperada. El corazón le latía con fuerza, la baba le caía hasta el suelo, respiraba con dificultad por más que abriera la boca. Buscaba con la velocidad del rayo la entrada a la lobera. La gruta oscura le permitió un sosiego momentáneo. Afuera la lluvia caía con furia en aquel mes de nevadas, de ríos desbordados. Y tumbado en la oscuridad creyó morir. Su Luna se teñía de sangre y pensó que aquello debía ser el principio del fin… o el apocalipsis de los lobos lunares.

Esa superluna de sangre impresiona. Gracias por compartir, querida amiga. Un fuerte abrazo.
¡Y así impresionado se quedó mi pobre Lobo Lunar! Gracias, querida Marylia. Un gran abrazo.