La casa vaciada.

María, la mayor de las tres, decide vender. Muertos los padres, la casa está vacía. En el edificio las noticias vuelan. Y uno de los vecinos, propone la compra. Todo es muy rápido. Demasiado, piensa la pequeña de las tres.

Y se lo dice:

– ¿Qué prisa hay?

– ¿Y por qué no?

María, no se inmuta. Calla. Todo le apremia. Espera hasta el día siguiente. Va a casa del vecino para escuchar su oferta, que le parece más que razonable. Convencerá a la segunda hermana. Dos contra una. En el comedor de los padres muertos, le dice:

-Ya está decidido.

 -No quiero, es pronto.

– ¿Pronto de qué?, ¿por qué? Los muertos no necesitan casa. A nosotras nos parece bien. Somos dos contra ti. De modo que el asunto no tiene marcha atrás.

La pequeña le da la espalda. En el cementerio la mayor sabe que la ruptura es inevitable. Y ya no se verán. Nunca en vida. La casa se vende. Y la separación se lleva a cabo minuciosamente, inexorablemente, diseccionado el tiempo que les quede a cada una de ellas desde el centro del que fue su hogar inexistente ahora.

4 pensamientos en “La casa vaciada.

  1. Los padres son un vínculo de unión muy importante entre los hermanos. Hoy precisamente, tomando café, lo hemos hablado. Felices sueños.✨✨🌟✨🌟🌟

  2. A veces las herencias destapan egoísmos y actitudes insospechadas. Y en efecto, se rompen vínculos con facilidad. Una pena, pero es la vida. Un abrazo

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