Tras el sueño

El repiqueteo del agua en los cristales la despertó. La habitación estaba en penumbra; la pequeña ventana, detrás de la mesilla, tenía la persiana casi bajada del todo; normalmente la dejaba levantada hasta arriba, pero esa noche la luz de la farola de la calle le molestó en la ojos cuando se acostó. Quería dormir y olvidarse de la gata y de los tres gatitos que había parido; se dio la vuelta en la cama hacia el otro lado y se tapó la cabeza con la almohada; los maullidos no cesaban. El termómetro marcaba los treinta grados y eran las doce de la noche. Alargó la mano y encendió el aire acondicionado. Treinta grados y lloviendo, ni en el trópico, pensó. Y eso que ni siquiera sabía si eso era posible. Boca arriba tampoco era mejor. Oyó un trueno y luego otro y un ruido a lo lejos. La noche no avanzaba, solo el agua en los cristales, en el hierro de la barandilla y los maullidos de los gatos que habían tomado posesión de su jardín y que no se irían nunca, nunca, nunca. Y ella odiaba a los gatos…

2 pensamientos en “Tras el sueño

  1. Que bien estructuras tus relatos cortos, y éste en particular, deja a la imaginación si concluirá en una pesadilla, por el antecedente de la repulsión a los gatos y aquello de que los sueños son nuestra verdadera patria, según Günter Grass.
    Un abrazo con mucho afecto, querida amiga.

    • Tus comentarios son un regalo y un acicate para seguir escribiendo. ¡Celebro tanto que te gusten! y ¡me animan tanto! Gracias, gracias, querido amigo. Un abrazo con el afecto de siempre.

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