Esta obra de Gauguin de 1892, realizada en su paraíso salvaje, Taití, lugar soñado durante mucho tiempo y centro al que todas sus coordenadas vitales conducían, contiene un elocuente parecido con las pinturas egipcias, sobre todo en los gestos, en el posicionamiento de las manos y pies, las figuras hieráticas, planas y en el color oscuro de la piel. Todo ello contribuye a ese aire de primitivismo muy acusado e incluso a una cierta estética naïf. Personalmente encuentro que tiene mucho encanto y que en él aflora el embrujo que el arte egipcio ha ejercido en todos los artistas de todas las épocas a pesar de ellos mismos, irremediable e inconscientemente.

Se ve muy egipcio, querida Bárbara. Me encanta el juego de colores en las pinturas de Gauguin.
All the best,
Hanna
¿Verdad que sí? Es tan personal e inconfundible… y tuvo la gran suerte de encontrar su paraíso…
Muchas gracias, querida Hanna.
All the best con un gran abrazo.
Gauguin was a wonderful painter with a great touch… 😉
¡Totalmente de acuerdo, querido Ledrake!
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Merci beaucoup!
Amitiés.
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MUy acertado comentario a esta bella pintura, Bárbara. Desde luego, las dos mujeres a la izquierda del cuadro parecen egipcias, especialmente por los gestos y los vestidos. Y los dos indígenas situados al fondo hacia la derecha ¿no recuerdan a las pinturas egipcias con las figuras de perfil y caminando?
¡Pues sí!, en qué estaría pensando… tienes razón y esas dos figuras tienen una gracia tremenda.
Muchas gracias, Joaquín, por tu comentario.
Buen fin de semana.