A los alicientes de una ruta, de un viaje se unen muchas veces las delicias gastronómicas de los lugares visitados. A los que disfrutamos de las maravillas de un paisaje, del conocimiento de las gentes que lo habitan, de sus costumbres, nada como sumergirnos en sus fogones para comprender su idiosincrasia La Mancha, conocida a través de su hijo más universal Don Miguel de Cervantes y de su personaje don Quijote tiene su ruta turística, como no podía ser menos; sorprende la variedad y belleza de la meseta. Quien tenga la idea, muy común, de un paisaje monótono, árido y exclusivamente llano se lleva una gran sorpresa; las lagunas de Ruidera y las Tablas de Daimiel, espacios adornados por el agua, desmienten esa idea; los cielos velazqueños enmarcan una variedad enorme de tierras sienas, ocres, sepia… su belleza nos alimenta el espíritu y su gastronomía, contundente, tras un día movido nos reconforta y reconcilia con el mundo. Otro manchego universal, Pedro Almodóvar, nos recuerda en su filmografía la cocina que las madres y abuelas hacían, las conservas, la repostería. Aparte de las famosas gachas que se hacen con harina de almorta, el gazpacho manchego representa la esencia del buen comer. El gazpacho manchego, que nada tiene que ver con el andaluz, tiene como base las tortas cenceñas y la carne de caza. Desde hace unos años, en la costa levantina, una serie de cocineros jóvenes e innovadores han dado una vuelta de tuerca al gazpacho manchego y con gran acierto han creado una forma de hacerlo realmente exquisito. Suelen hacerlo con langosta, almejas, rape o mero. Como los tiempos no están para dispendios, yo lo hago con ingredientes asequibles; caso de no encontrar las tortas, que son como un tipo de pasta italiana seca, vale sustituirlas por lo que tengamos a mano. La textura de las tortas, una vez cocidas, es muy parecida a la pasta fresca hecha en casa.
Gazpacho manchego de mariscos
Ingredientes: Tortas cenceñas o en su defecto otro tipo de pasta, mejillones, calamar pequeño, almejas y unos trozos de pescado. Para el sofrito: tomate natural, cebolla, 2 dientes de ajo. Caldo de pescado.
Hacemos el sofrito y reservamos. Abrimos los mejillones en una sartén y las almejas en otra; limpios y bien secos, pasamos por una sartén los calamares pequeños (muy poco, unos 4 minutos). En una cacerola ponemos el caldo de pescado, el sofrito y el caldo que hayan soltado los mejillones y las almejas. Cuando esté caliente, añadimos las tortas o la pasta; cuando le falte poco para que esté hecha, añadimos el pescado troceado, sin espinas y los calamares pequeños; por último las almejas y los mejillones sin sus valvas. No debe quedar muy caldoso. El resultado es espectacular y el sabor, delicioso.

Como medio manchego, Bárbara, y tan ligado al «Quijote» como sabes de sobra, gracias por esas palabras sobre tan hermosa tierra.
De nada, Aurelio. Hay que conocer los lugares para aprender a quererlos; recuerdo un atardecer desde el castillo de Belmonte impresionante, ahí ya me conquistó La Mancha.
¡ya tengo agua en boca!
un beso, Barbara 🙂
Pues nada, habrá que organizar unas jornadas gastronómicas en Francia con papas y mojo picón canario y gazpacho manchego entre otras delicatessen…
Un beso Muriel.
Il va falloir venir nous faire une démonstration gustative sur place, non mais ! 🙂
Il faut le faire!!!Des journées gastronomiques en France…oh là là!!! La seule idée m’inspire beaucoup des beaux sentiments culinaires!
Bisous.
¡Tiene que estar buenísimo!
En cuanto al verdor de la Mancha, lo descubrí por sorpresa viendo un documental por TV; yo me había quedado en mi texto de bachillerato del colegio que decía que el origen de la palabra «La Mancha» era el término araba «La Mantxa» que significaba «tierra seca».
Tal como está lo del cambio climático dentro de nada el norte será un desierto y Almería un vergel…
Es cierto que es un tópico que no responde a la realidad, hoy, igual en tiempo de los árabes era más árida.Te recomiendo la ruta de don Quijote.
Un abrazo.
Doy fe. Ese gazpacho marinero es para chuparse los dedos. Y qué te voy a decir de las rutas manchegas. Aún resuenan por Puerto Lápice los ecos de ciertas andanzas de mi infancia…
Tu infancia y Don Quijote… las aventurillas por los molinos, los manteos… Solo espero que tu Dulcinoa disfrute lo mismo que tú, porque ya sabes que la imaginación y la capacidad de soñar la pone cada uno; y por lo que se ve va sobrada de todo. Mil gracias y un beso.