Paseando por el Museo Calouste Gulbenkian: René Lalique

René Lalique: «Pectoral pavo real». Oro, esmalte, ópalos y diamantes. 9,2x 19cm.

 Decir que Lisboa es una ciudad preciosa es una obviedad. Pasear por Lisboa una delicia. Recorrer el Museo Calouste Gulbekian una sorpresa tras otra. El edificio moderno construido para albergar la colección privada del magnate del petróleo armenio nacido frente a Estambul en 1869 y fallecido en Lisboa en 1955 sorprende en principio por el hermoso jardín que lo rodea; enormes helechos hechos árboles nos trasportan a la Prehistoria, caminos umbríos donde reposar oyendo el canto de los pájaros… El edificio en sí es el resultado de integrar los espacios verdes, el jardín en el recorrido por las salas gracias a los paneles-cristales que sustituyen a paños de pared. La colección, impresionante en cuanto a calidad y a cantidad de piezas, se distribuye en la planta baja, ubicándose en la planta de arriba las áreas de soporte cultural y servicios. La atmósfera interior del Museo es parecida a los espacios japoneses, limpia y armoniosa. Recorrer pues las distintas salas supone admirar las obras de arte con el sosiego y la paz que transmiten rara vez los museos actuales, llenos de gente y de bullicio.

La incalculable fortuna de Calouste Gulbekian le permitió reunir una colección sorprendente que abarca el arte egipcio, el greco romano, el de Mesopotamia, el de oriente islámico, el armenio, el del extremo oriente, el europeo desde los siglos X al XIX, incluyendo pintura y escultura, numismática, artes decorativas y artes del libro.  Goulbenkian se refugió en Lisboa durante la segunda guerra mundial en donde halló la paz que buscaba. En agradecimiento legó a la ciudad su colección. Además la Fundación Gulbenkian tiene un papel muy importante en el desarrollo  de la sociedad portuguesa a través de áreas como la educación, la ciencia, el arte y el patrocinio.

Las últimas salas del Museo están dedicadas a René Lalique (París 1860-1945). Lalique, joyero, orfebre, artista del vidrio, influenciado por la literatura simbolista y por el arte japonés, representa con una maestría exquisita el Art Nouveau en sus piezas que se inspiran casi siempre en la naturaleza. Trabajó con piedras preciosas y metales nobles, confiriendo a todas sus obras una impronta de elegancia y de objeto exclusivo solo al alcance de las casas reales, la nobleza y las grandes fortunas. Lalique es un artista refinado con un gusto exquisito.

Diseño para el pectoral. Lapiz, tinta china y guache sobre papel.

8 pensamientos en “Paseando por el Museo Calouste Gulbenkian: René Lalique

  1. La verdad es que se trata de uno de los museos que más me han impresionado, tanto, como dices, por la totalmente conseguida integración de edificio y jardines, como por la asombrosa colección que alberga -¿o debería decir albergan?-.
    ¿Y qué decir de Lalique y del «art nouveau» en general en todas sus manifestaciones -dibujo, pintura, arquitectura, artes aplicadas…-? Nada. Quedarse callado y recorrer sus líneas sinuosas con el índice… despacio, muy despacio.

    • Si, lo asombroso es que estando el Museo en el centro de la parte moderna de Lisboa no llegue ni un ruido; es un remanso de paz. Lalique me sorprendió por su belleza, En conjunto es un bombón y un lugar para perderse.

  2. Estuve en Lisboa en el viaje de novios y estoy de acuerdo contigo en que es preciosa, tiene, además una magia especial. Desgraciadamente, no llegué a visitar el Museo Gulbenkian, al final nos faltó tiempo. Desde luego, la joya de Lapique que retratas es una auténtica maravilla.

  3. Pasar la luna de miel en Lisboa no debe de estar nada mal. Siempre nos falta tiempo; me quedan muchas cosas por ver y espero poder hacerlo algún día. Los desayunos eran fantásticos, nunca he tomado un café con leche más bueno en mi vida.¡Ah, las sopas… comí una de espinacas que daban ganas de llorar pero de alegría…!

    • El café era bueno, sí. Y yo aún recuerdo las «ameijoas a la espanhola» que eran como para chuparse los dedos. Y las vistas desde el Castillo de san Jorge y el mirador (¿de Santa Llúcia?) sobre la Alfama.

      • Si, los miradores son preciosos con unas vistas… Yo recuerdo el bacalhau de todas formas posibles pero «las ameijoas a la espanhola» no las he probado. Una amiga en Cascais nos hizo un «bacalhau á Bràs» que me encantó.¡Habrá que volver!

      • Tienes razón. Y no olvidemos el «vinho verde» para regar todos estos pescados.

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