Los hay como el guardián del Memorial de la Deportación y otros como este en la rive gauche que alberga o acoge a un hombre solitario en el momento captado, desde fuera, parece un refugio seguro, lejos de las miradas de los otros, un lugar perfecto para recordar…

No, no, este sauce no llora, solo deja caer sus ramas para sentir en sus hojas que el agua que las roza es otra diferente a la del instante de antes. Somos solo en el instante que somos. El pasado y el futuro son entelequias que nos inventamos para justificarnos.
Y entonces se pone romántico y escucha las hojas muertas y es cuando se da cuenta de que nadie se baña dos veces en el mismo río. Heráclito ya lo dijo…