Esta quimera tan sugerente como la Estirga tiene, si se fijan, una actitud menos contemplativa, aunque sea parte de su oficio como vigilante del templo; transmite más la quietud expectante del felino antes de atacar; su expresión no es irónica, ni mordaz aunque su perilla de chivo le de un aspecto chocante y divertido.Su hieratismo me transporta al románico.
