Inanición total en Gaza.

Hambruna provocada por Israel. Dos meses sin recibir comida, sin medicinas. Y la imagen del genocida en la Plaza de San Pedro oyendo la primera misa del nuevo Papa. ¡Cómo es posible esto! Esa imagen es una burla de Netanyahu hacia todas las posibles gestiones diplomáticas para poner fin a tanto crimen contra la humanidad. Cómo es posible que este individuo se pasee por el mundo como si nada. Y, ¿qué hacen las naciones de Europa? Está claro que contar con el beneplácito de EE. UU. le da carta blanca para que el gobierno de Israel lleve a cabo el exterminio de los palestinos. Los lobis judíos, el poder del dinero, está ahí, más presente que nunca. Estoy orgullosa de la política que nuestro gobierno está llevando a cabo para denunciar esta barbarie sin tener en cuenta los insultos de Trump, pero hay que actuar. Europa debe ir más allá de las palabras. Los ataques sin precedentes que están preparando para las próximas horas será para liquidar la Fanja; después, Cisjordania. ¿Y nadie hará nada? Hasta el momento, nada. ¡Vergüenza!

La higuera crece y crece…

La compramos ya hace unos cuantos años y parece mentira lo que ha crecido. Esta, la higuera, tiene un mérito añadido y es que a sus pies crecen los helechos como locos; una y otros creo que se equivocan de ubicación, pero ahí están compartiendo suelo y, lo más disparatado, riegos. Mañana si tengo tiempo subiré los helechos a sus pies.

Lobo Lunar y la Luna de las flores.

Sobre un peñasco, Lobo Lunar aullaba a la noche. Hacía días que sobre los campos en barbecho surgían flores silvestres de todos los colores. Sabía que algo sorprendente iba a ocurrir, se lo decía su instinto y los tambores que oía a lo lejos desde la pradera donde los indígenas danzaban alrededor del fuego, alzando sus brazos al cielo. Los indios americanos la bautizaron como «la luna de las flores»; ellos sí sabían que, en la primera quincena del mes de mayo, vendría la «Luna de las flores». Por ello estaba vigilante, pendiente del cielo y fue en la noche del día doce cuando la vio y ante su sorpresa era una luna más pequeña, una microluna, porque esta luna llena, en ese instante, estaba más lejos de la Tierra que nunca. Aunque él no lo supiera ni los indios tampoco.

Adiós a un hombre coherente, Pepe Mujica.

El expresidente Pepe Mujica, el que fuera guerrillero tupamaro, era un hombre austero y, sobre todas las cosas, coherente con lo que decía y lo que hacía. Un hombre que dedicó cuarenta años a la política y al cultivo de flores en su terreno de las afueras de Montevideo. Ha muerto a los ochenta y nueve años un hombre de izquierdas que sufrió prisión y torturas por sus ideas, que luchó por ellas y que abandonó la lucha armada para pelear por la democracia, un sistema que aun no siendo perfecto es lo menos malo que conocemos, según sus propias palabras. Su lenguaje era directo y claro. Su mayor objetivo la justicia social; no quería un país de pobres y dedicó parte de sus emolumentos a la creación de viviendas. Ateo declarado, respetaba la iglesia católica y las creencias de cada cual. Un hombre que se ganó el respeto de todos, que desterró la corbata de su vestimenta, que se desplazaba con su «escarabajo» de siempre. Descanse en paz este hombre bueno.

Del verde tierno al verde-verde.

Del verde más tierno al verde-verde que no llega a ser verde vejiga. Como pintora, el poder captar la luz con la Nikon sobre las plantas de mi pequeño jardín, me proporciona, casi, el mismo placer que cuando en el estudio me aplico al pintar un lienzo: la atención es la misma, la misma concentración, aunque el resultado con la máquina es totalmente diferente. Gana la máquina. La inmediatez del disparo es un valor añadido que, tras pasarlas al ordenador, me dejan fané y descangayá de satisfacción, como dice el tango del inefable Gardel.

Bicolor.

Me fascinan las plantas que cambian de color a medida que van creciendo. Los bordos de las hojas cresas se vuelven de un bonito color lila mientras el centro continua verde. Estas falsas rosas son un buen ejemplo.

Como un pajarito.

Marieta dormitaba en su gabinete. A las cinco de la tarde una tormenta eléctrica sacudió la tierra y a ella le pareció el fin del mundo; un rayo iluminó la pequeña estancia y el trueno que siguió la despertó del todo. Apresurada, salió al vestíbulo como si la casa se fuera a derrumbar sobre su cabeza y temerosa llamó a su inquilina en vano; ella regaba las plantas en el patio interior ajena a sus llamadas; en vista de lo cual se puso un chubasquero, cogió un paraguas y las katiuskas de las niñas y se fue corriendo al colegio. Menuda, con su pelo blanco, andada como un chorlitejo chico a pequeños saltitos, ya digo como un pajarito. Se había arrogado el papel de abuela de aquellas niñas, que ahora eran las que daban sentido a su vida de viuda, sin hijos, de anciana solitaria.

Nuestros amigos… los árboles.

Recortados contra el cielo, los árboles, más longevos que nosotros, nos acompañan en parques y jardines de las ciudades; no hace falta irse al campo para disfrutar de ellos. Los tenemos cerca y podemos contemplar su belleza y cobijarnos bajo su sombra en los días calurosos del verano.

Se inicia el cónclave.

Dentro del Vaticano, y a estas horas, los cardenales ya estarán encerrados en la capilla Sixtina para elegir al nuevo papa. Al margen de las creencias de cada cual, hoy se inicia un acontecimiento histórico. En la plaza de San Pedro los fieles llegaban para oír, a primera hora, la misa que antecede al inicio del cónclave. La política del papa Francisco, que nombró a un número considerable de cardenales, puede tener continuidad o no; la sorpresa suele ser una constante en los cónclaves. Desde hace días, las quinielas están en la calle, y los corresponsales de todo el mundo hacen apuestas sobre los cardenales, los que consideran tienen más posibilidades; hoy uno de los allí desplazados definía al papa difunto como «peronista», una definición al menos curiosa para definir a uno de los papas recientes más queridos y admirados por todos creyentes y los no creyentes. El balcón por donde saldrá el nuevo Pontífice luce ya las cortinas rojas y los altavoces de las farolas a punto, las cabinas de teléfono se han quedado obsoletas, pero ahí están. Y los cardenales sumidos en el silencio so pena de excomunión.