Bignonia naranja o Tecomaria capensis

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Fotos Noa Serrano Plaza.

La bignonia naranja o bignonia capensis (de El Cabo, Sudáfrica) es un arbusto algo trepador que produce estas brillantes flores naranjas próximas al rojo desde finales de primavera hasta principios de invierno en estas latitudes del Mediterráneo. Como arbusto, su crecimiento es vigoroso y rápido; sus hojas suelen ser compuestas, es decir, tienen varias hojas por cada peciolo y sus muy características flores consisten en racimos florales, tubulares, con pétalos en forma de campanillas. Pueden medir hasta diez metros de altura.

«Marcus Curtius arrojándose al abismo», altorrelieve. Galería Borghese (Roma)

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Fotografías Bárbara. Galería Borghese.

En el Salón de Mariano Rossi de la Galería Borghese se encuentra este altorrelieve en mármol pentélico. La obra está formada por el caballo, que se remonta a la antigüedad, concretamente al siglo I o II a. C. y el jinete, que fue agregado después por Pietro Bernini, el padre de Gian Lorenzo Bernini, en 1617. Pietro Bernini ya había trabajado para el cardenal Borghese en la restauración de su mansión y, cuando este donó parte sus riquezas para ayudar a los damnificados por la inundación del Tíber de 1606, el escultor lo honró esculpiéndolo sobre el caballo para arrojarse al abismo por el bien de Roma. Con esto, Pietro lo asimila al soldado Marcus Curtius, que se arrojó al abismo con su caballo, un héroe que se sacrificó por su ciudad en el año 362, cuando un terremoto abrió un pozo profundo cerca del Foro Romano que no podían cerrar; consultados los augures, estos dijeron que tendrían que arrojar dentro lo más preciado de Roma; fue entonces cuando el soldado consideró que lo más preciado de la ciudad eran sus valientes soldados y se arrojó a sus profundidades. En la élite de Roma del siglo XVI era frecuente reutilizar obras de arte antiguas para completar nuevas piezas.

La segunda fotografía nos muestra parte de uno de los salones de la Galería, donde el minimalismo no tiene nada que hacer; esculturas, pinturas, mosaicos, ornamentaciones de todo tipo se combinan y conjugan en un barroquismo extremo, pero con piezas realmente hermosas.

La Mancha, al atardecer y de día. (Belmonte)

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Fotos Bárbara.

La Mancha, la tierra de Don Quijote, es tan variada y diversa que para muchos como yo, que teníamos una idea simple y errónea, tuvimos que rectificar y aprender a verla con otros ojos. Para empezar, y como choque, les invito a visitar las Lagunas de Ruidera, un remanso de paz donde el agua y sus cascadas no dejan de asombrarnos. La vista de sus pueblos, desde lo alto, por ejemplo desde las almenas del Castillo de Belmonte o como estas desde el Hotel Palacio del Infante Juan Manuel, me enseñaron a querer estas tierras y a admirar la serenidad de sus paisajes,

El lema de Cosimo I de Medici y las tortugas

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Fotografías de la representación de la tortuga y la vela sacadas del interior del Palacio Viejo de Florencia, sobre distintos soportes.

Cosimo I de Medicis adoptó como lema la frase de Augusto «Festina lente», cuya traducción sería el oxímoron «apresúrate despacio». En la actualidad vendría a ser «qui va piano, va lontano» o en castellano el equivalente a «vísteme despacio que tengo prisa». El emperador Augusto se refería a la falta de reflexión de uno de sus comandantes y, según Suetonio, el historiador, era una de sus frases favoritas. Esta representación de la tortuga y la vela hinchada por el viento sería la plasmación de la frase en latín «festina lente». El reto consiste en encontrar dentro del Palacio las alrededor de cien representaciones de este singular «logo».

Las tortugas del obelisco. Plaza de Santa María Novella. Florencia

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Fotos Bárbara.

En las plaza hay dos obeliscos. Los obeliscos están fabricados en mármol sostenidos por cuatro tortugas en bronce y dichos obeliscos servían como línea de meta para las carreras de carros que se celebraban el 24 de junio; eran carreras de caballos de enganche, Palio dei Cocchi; uno de ellos situado justo enfrente de la iglesia y el otro al otro extremo de la Plaza. Los obeliscos, se erigieron en el siglo XVI y son de Juan de Bolonia. La plaza eran el centro de la vida social de Florencia. En el Museo Arqueológico de la ciudad hay tortugas en piedra, sospecho que las distintas representaciones de estos animales eran apreciadas por las distintas culturas que habitaron Italia. Recomiendo la visita a dicho museo, pequeño y muy didáctico que se ve muy bien, en un ambiente tranquilo que se agradece.

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Fotos Bárbara. Museo Arqueológico de Florencia.

Cosimo I Medici amaba la Roma clásica y las carreras de carros romanos por ello mando erigir en la Plaza dos obeliscos, uno de ellos mostraba la salida y el otro la meta, de ahí la forma de la plaza. Igual sucede con la plaza Navona de Roma casi rectangular donde se celebraban carreras y por ello no se ha querido cambiar su forma como recuerdo de las que allí se celebraron. Cada uno de los obeliscos realizados en mármol están sostenidos por cuatro tortugas en bronce.

El viento

La noticia corrió como el rayo. Simón se había tirado por el acantilado; decían que estaba loco, otros que era idiota. Solo Margalida, la del puesto del mercado, la vieja desdentada, la pescadera, sabía porqué lo había hecho y lo decía a todo el que quería escucharlo: «La Tramontana empezó a soplar al amanecer y el Simón se dejó ir; babeaba como de costumbre y pasó corriendo por delante del puesto; yo lo vi, lo vi mientras colocaba el pescado sobre las bateas, encima de las hojas de parra y el hielo. Simón, el idiota, reía mientras corría y daba saltos de contento. El viento le hinchaba la camisa y lo empujaba hacia el mar. Él se dejaba ir. Yo lo vi. El rugido del viento apagaba su voz, pero pude oír que llamaba al viento por su nombre: «Es la Tramontana, es la Tramontana», decía como si fuera un amigo que viene de lejos». Margalida, después callaba, suspiraba y al rato sentenciaba: «Son cosas de ese viento nuestro, que todos los años se cobra alguna pieza». Después escupía en el suelo con resignación.

Una pagoda en París.

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Las fotos no son mías.

Recuerdo mi sorpresa cuando en una de mis visitas a París, vi cerca del Parc Monceau, un edificio con forma de pagoda. Ya me habían hablado antes de ella, pero aún así la impresión fue tremenda. Esta mansión, no era un templo sino la residencia de Ching Tsai Loo un legendario anticuario chino. En 1922 este anticuario compró un palacete de estilo Louis Philipe, pero como necesitaba más espacio encargo al arquitecto François Bloch que rediseñara la casa y que le diera el aspecto actual; la obra finalizó en 1926. Al fallecer C. T. Loo en 1957 el negocio lo continuaron sus hijos y nietos. Es enorme la labor que realizó para dar a conocer el arte chino a través de los valiosísimos objetos orientales que suministró a clientes, coleccionistas y museos como el Quimet de París, el Metropolitan Museum of Art de N.Y., J. D. Roquefeler, JP Morgan… y otros muchos. En el 2010 fue comprado por un inversor privado y en la actualidad se sirguen exponiendo colecciones de objetos de arte orientales y con fines de investigación se puede consultar la biblioteca privada del señor Loo. El espacio que él creó continua siendo un lugar de primer nivel para dar a conocer el arte oriental y contemplar las exposiciones que allí se muestran. Para todos los que quieran admirarla está en el 48 de la rue de Courcelles, 75008.

Palazzo Vecchio. Primer patio. (Florencia)

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Interior del Palazzo Vecchio. Fotos Bárbara.

Fue construido con forma de castillo con una torre de 96 metros de alto se inicio en 1299 y se terminó en 1314. En principio se llamó Palazzo dei Priori o Palagio Novo y después en el siglo XV Palacio de la Señoría, después como Palacio Ducal al establecer su residencia Cosme I de Medici en 1540. En la actualidad se llama Palazzo Vecchio desde 1565 al mudarse al Palacio Pitti. Decorado por Vasari, la riqueza interior es apabullante, murales, pinturas, columnas bellamente decoradas, esculturas y mobiliario espectacular. El primer patio fue construido en el siglo XIV y modificado por Michelozzo, quien sustituyó los pilares por columnas cilíndricas y octogonales. En el centro del patio está la fuente de Francesco del Tadda con una reproducción del putto y el delfín de Andrea del Verrocchio, cuyo original se encuentra en el mismo palazzo. Las bóvedas cruzadas fueron adornadas por Marco da Faenza quién cubrió las columnas de estuco dorado con motivos vegetales, putti y otra figuraciones encargadas por Cosimo I de Medici con motivo de la la boda entre Francesco de Medici y Juana de Austria.