Frente a la Pirámide.

1052

Foto Bárbara.

Como un flanêur volvía de un paseo errante por el Sena. Me dejaba ir cuando la noche inundaba los puentes de luces estrelladas; el río circulaba manso, oscuro y las guedejas de verdes ramas se hundían en el agua. En los ojos, la brisa ligera era como la caricia del sauce llorón, que se balanceaba detrás de Notre Dame. Los gatos negros se escondían en los portales para maullar sin estridencias, La noche se estremecía cuando llegué al Louvre y me rendí frente al cristal oriental. Sentada en aquel banco de piedra, tuve que reverenciar a aquella luna llena que inundaba la plaza. Nadie y la Luna. Oscuridad enfebrecida. Sola para grabar aquel instante eterno. Sola ante la belleza del instante único.

Estructura orgánica

070073074075076077081064065068061066

Fotos Aurelio y Bárbara.

Inspirado en las formas rocosas de la playa de Les Arenetes (Reserva marina del Cap de Sant Antoni), en el Hotel Les Rotes de Denia, más concretamente en sus hermosos jardines, nos encontramos con esta construcción orgánica hecha con materiales locales tradicionales y ecológicos buscando un equilibrio entre tradición y vanguardia. Es una puesta en valor de los recursos naturales. Caña y cuerdas de pita forman esta bella obra, mediante la construcción de entramados resistentes de arcos fabricados con fajos de caña. Hecho durante más de tres años por los integrantes de Econstrucció, La Plataforma de Parados de Paterna y el CEM Júlia.

El puente que pintó van Gogh (Arles)

209200201202203204205207208

Fotos Bárbara. Pont de Langlois.

En las afueras de Arles, visitamos el viejo, pero aún en pie, puente que inmortalizara Vincent Van Gogh. Es uno de esos puentes de madera que se alzaban para dejar pasar las barcas y que el pintor inmortalizara en varios cuadros, donde además del puente se veía a las lavanderas lavando ropa en el río y hasta un caballo atravesándolo. Este lugar, para los amantes del pintor, es como un lugar de culto, un lugar que emociona. En definitiva visitar Arles es seguir los pasos del holandés.

El setter del abuelo.

Llegó con la lengua fuera, había subido la cuesta de la calle Caballeros a toda prisa. Entró en el portón sin resuello y esperó. Pasó un tiempo, la puerta de la casa estaba cerrada. Las patas le flaqueaban y se tumbó. Esperó, pero su dueño no llegaba. Se tumbó, la baba le llegaba hasta el suelo. La sirena desde el campanario le avisó del mediodía. Respiraba fatigosamente y tímidamente golpeó la puerta. Se paró a escuchar ahora el silencio. Gimió. Al rato unas voces se acercaban y reconoció a su dueño. porque movió la cola repetidamente. «Ahí está el bribón», dijo él con voz grave. Carraspeó. Su amo carraspeaba cuando el enojo hinchaba la vena de su cuello, pensó el perro. Sus ojos de setter de caza, desde abajo, le miraban con ansiedad; volvió a gemir. El cazador solo dijo, «Vaya un perro de caza, al primer disparo, sale huyendo en dirección contraria». Pero abrió la puerta y… «venga, pasa, perro tonto». El setter le miró agradecido, le lamió la mano para subir a continuación las escaleras a la carrera y adentrarse en el hall que estaba en penumbra. Thais, se metió detrás de una cortina. Ese día ni comió ni bebió, avergonzado.

Gaudí

065067066068062

Fotos Bárbara.

Sorprendente esta singular terraza de la casa Batlló donde el genio de Gaudí no dejó ningún detalle al azar, la combinación de azulejos y cerámica nos enamora con la belleza de sus colores.

Cactus

008007012013

Fotos Bárbara. De la serie cactus.

Estos no son del Huerto del Cura de Elche, si no del jardín de casa, pero recomiendo a todos los amantes de los cactus una visita a dicho Huerto donde la colección que tienen es realmente espectacular.

La mordaza franquista.

Esta es la historia de una niña que, nacida en Cartagena, en el seno de una familia castellano parlante vivió sus primeros años en Ceuta, Barcelona y Palma de Mallorca. Una niña feliz que un día, por el trabajo de su padre, se encontró viviendo en una isla mágica y fue en ella donde despertó a la vida. Con seis años su mundo era un jardín asomado al puerto de Ciutadella de Menorca; sus amigos primeros fueron los patos que se bañaban en el estanque, los caracoles que tras la lluvia marcaban el paso lento sobre las verduras del huerto de Marieta, sobre sus horas también porque, entonces, el tiempo se estiraba, se estiraba. Después, en el colegio, al poco, hablaba el menorquín como una isleña; sus padres se maravillaban de las palabras que la niña les enseñaba como un tesoro. Los sábados por las mañanas su padre la llevaba a las sesiones de cine para niños y cuando llegaba a casa le contaba, en menorquín, a su madre, la película que había visto. La niña era ya bilingüe. Y lo fue para siempre, solo que, cuando por el trabajo del padre, tuvieron que abandonar la isla, aquella niña solo pudo soñar en su otro idioma porque, en el resto del país, fuera de los países catalanes, no se podía oír el catalán ni sus dialectos. Aquellas palabras del dialecto menorquín, sin embargo en su corazón, eran tan suyas como las otras. Pasaron los años y aquella niña que ya era una mujer pasó unas vacaciones en Ibiza y allí, tumbada en la arena, de pronto, oyó a unos niños que hablaban la lengua de sus sueños y se estremeció de felicidad. Fue un regalo inesperado que le confirmó la fuerza de las palabras, el intento vano de las dictaduras, que la lengua materna se lleva en la sangre para siempre. Que nadie puede borrar cómo se nombran las palabras que nacen del corazón. Que ahora se puedan expresar las ideas en las lenguas cooficiales en el Congreso de los Diputados me parece, le parece a esa niña que era yo, que ya iba siendo hora.

El estanque

033065

Fotos Bárbara. En los jardines del hotel Les Rotes. Denia.

En todos los jardines que se precien no puede faltar el sonido refrescante del agua; su murmullo acompaña el paseo sosegado. La tranquilidad nos puede llevar a recordar otros jardines donde los árabes fueron maestros.