El árbol más viejo de París

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El árbol más viejo de París. (Estas fotos no son mías)

Situados en el parvis de Notre Dame y tras cruzar por le Pont aux Doubles, de hierro, desembocamos en la rue La Grange y, allí, en la placita René Viviani, nos encontramos con la pequeña iglesia de Saint Julian le Pauvre, de rito ortodoxo griego, y, justo al lado, encontramos el árbol más viejo de París. Este árbol traído de Norteamérica lleva el nombre de Jean Robin, botánico del rey y quien lo introdujo en Francia en 1601. En el 2010 se construyó un banco circular alrededor del árbol para protegerlo y darle espacio para que respirara adecuadamente. Desde allí, sentados, podemos disfrutar de una bonita vista de Notre Dame, protegidos por la sombra de este árbol de más de 400 años. Y, a pesar de ser tan anciano, tiene perfecta salud, aunque ha tenido que ser sostenido por una estructura de cemento oculta por una masa de hiedra. Alcanza los15 metros de altura y 3,5 de circunferencia, mientras que lo normal de los árboles de esta especie, las robinias, no suele superar los 10 metros.

La Seine 7 - Notre-Dame

Notre Dame, Pont aux Doubles. Foto Bárbara.

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  1. Plaza René Viviani (el árbol, aún sin el banco alrededor, 2003). Foto hecha desde las torres de Notre Dame. 2. Árbol robin, ya con el banco y la estructura de cemento, 2012). 3. Con Aurelio delante se puede apreciar su magnitud. Fotos Bárbara.

Gárgolas del Sacré Coeur. París.

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Gárgolas del Sacré Coeur. Montmartre, París.

Las gárgolas de las iglesias, esos animales fantásticos de piedra, tenían como finalidad asustar o amedrentar a los fieles que en el medievo eran analfabetos y bastante ignorantes. Curioso es ese cerdo (última de las fotos) por ser un animal que compartía la vida de casi todos los campesinos de la época, animal doméstico, podríamos decir. En el bestiario medieval el cerdo representaba la gula y la lujuria. La actitud del resto es bastante furiosa y desafiante.

El Rockefeller Centre de N.Y. y los murales de Josep Maria Sert.

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Josep Maria Sert. Murales del Rockefeller Centre, N.Y.

Josep Maria Sert (Barcelona 1874-1959) fue un pintor catalán que, casado con la famosa Misia Godesbeska y a través de las relaciones de esta, se dio a conocer entre las élites europeas, especialmente las parisinas. Su arte apelaba a un clasicismo, quizá demodé, en un momento en el que triunfaba el fauvismo, el expresionismo, el futurismo y el surrealismo. Su tendencia al exceso y a la magnificencia se puede apreciar hoy en el mural del vestíbulo del Rochefeller Center de N.Y. «El triunfo de la Humanidad». Condescendiente con el poder franquista y ambiguo con la ocupación alemana en Francia, su persona ha sido llevada al ostracismo, aunque hay que reconocer que fue un pintor muy prolífico cuya obra la encontramos en la catedral de San Pedro de Vic, en el Hotel Waldorf Astoria de N.Y. o en la iglesia de San Telmo en San Sebastián.

Sert vivió en N.Y. en los últimos años del siglo XIX y principios del XX. El salto al otro lado del Atlántico lo hizo a través de una prestigiosa galería, la Wildenstein Gallery, que lo dio a conocer en 1924 a la alta sociedad americana y, ya en 1931, realizó las pinturas para el comedor del Waldorf Astoria. La polémica con Diego Rivera se produjo cuando se encargó a este un mural para la entrada del vestíbulo del Rockefeller Center y a Sert las paredes donde iban los ascensores. El mural de Rivera quedó sin terminar, porque pintó la imagen de Lenin, algo que no gustó a los propietarios. Como consecuencia de ello, se encargó a Sert que realizara el mural del vestíbulo. Con posterioridad también se le encargó el techo y las paredes de algunas escaleras del edificio. Dicho mural refleja el ideal de la humanidad representado por las musas de la danza, de la poesía y de la música, y también por el trabajo del hombre, entre los cuales situó a Abraham Lincoln.

N.Y. de noche.

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Fotos Noa y Aurelio Serrano García.

La travesía de noche por el río Hudson muestra la ciudad de los rascacielos en toda su magnificencia, como un gran escaparate de luces, símbolo del progreso y de la tecnología. Y después de la noche llegará la aurora y García Lorca… De su poema, «La aurora» del libro «Poeta en Nueva York», solo unos versos:

LA AURORA

La aurora de Nueva York tiene

cuatro columnas de cieno

y un huracán de negras palomas

que chapotean las aguas podridas

La aurora de Nueva York gime

por las inmensas escaleras

buscando entre las aristas

nardos de angustia dibujada.

La aurora llega y nadie la recibe en su boca

porque allí no hay mañana ni esperanza posible.

A veces las monedas en enjambres furiosos

taladran y devoran abandonados niños.

… … … … … … … … … … … … … … … … … …

N. Y.

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Fotos Noa y Aurelio Serrano García.

El famoso puente de Brookling, los rascacielos, los típicos rincones que hemos visto en muchas películas americanas, el río Hudson… y la fascinación que todo ello nos procura. Al verlas es como si me llegara la voz de Leonard Cohen cantando «Take this waltz» adaptación de «Pequeño vals vienes» de Lorca. Ahí es nada. ¡¡¡Mil gracias a mis reporteros preferidos, capaces de hacerme sentir cosas tan hermosas!!!

Más parisino imposible.

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Típico salón de té y patisserie. Fotos Aurelio Serrano García.

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Librería Shakespeare and Company. Barrio Latino.

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Iglesia Ortodoxa griega. Saint Julien Le Pauvre. Barrio Latino.

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Iglesia de Saint Severin. Barrio Latino.

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Panteón.

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Place des Vosgos.

¿Quién no se ha dado un paseo por París en un día de lluvia intermitente? Un cielo gris plomizo puede dejar paso a un cielo despejado de un azul intenso y después contemplar como nubes algodonosas van deshojando la margarita en el cielo y si es por el Barrio Latino lo mejor es sentarse en el Café Le Metro para tomar un café au lait delante de un velador de esos diminutos o en el salón de té Odette. O entrar en la iglesia de Saint Severin y pasear después, cuando escampe, por la rue de la Harpe. Otra posibilidad es visitar, en Saint Julien Le Pauvre, la iglesia, pequeñita, de rito ortodoxo griego, donde Maria Callas canta como, en un bucle, «Casta Diva». Comprar un libro en la eterna Shakespeare and Company y llevarse un cuaderno de páginas blancas con el sello de la librería es el culmen de ese paseo imaginario.

Josep Puig i Cadafalch.

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Casa Terradas (casa de les Punxes), 1905

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Puerta interior de la casa Terradas.

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Casa Martí (Els Quatre Gats)

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Casa de Muley-afid, 1914.

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Las cuatro columnas de MontjuÏc, 1919.

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Casa Coll i Regàs.

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Detalle de la casa Coll i Regàs.

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Panteón Costa-Macià, 1902. Cementerio de Lloret de Mar.

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Casa Amatller, 1900.

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Despacho del señor de la casa Amatller.

Josep Puig i Cadafalch (Mataró 17 de octubre de 1867- Barcelona 23 de diciembre de 1956) está considerado el último arquitecto representante del movimiento modernista y el primero del novecentismo, fue arquitecto municipal de Mataró, vicepresidente del Instituto de Estudios Catalanes y catedrático de la Escuela de Arquitectura de Barcelona. Como presidente de la Mancomunidad de Cataluña impulsó las excavaciones arqueológicas de Ampurias. Apoyó el golpe de Primo de Rivera. Tras el estallido de la guerra civil se exilio en París donde recibió el titulo de doctor honoris causa. Además de su trabajo como arquitecto realizó una importante labor como historiador y ensayista. En 1942 regresa a España donde el nuevo régimen solo le permitió trabajar para restaurar y rehabilitar edificios y monumentos; ese mismo año fue nombrado presidente del Instituto de Estudios Catalanes, cargo que desempeñó hasta su muerte.

Un estado para Palestina.

El 30 del 11 de 2012 escribí en este blog en relación a la votación que se celebró en la Asamblea General de las Naciones Unidas: «Nacimiento de un estado palestino. ¡Enhorabuena al pueblo palestino! Me consta que muchos millones de ciudadanos de todo el mundo festejamos este día histórico. En dicha reunión en la que se aprobó, por mayoría absoluta de 138 votos a favor, 9 en contra y 41 abstenciones, el estatus de Palestina como estado observador no miembro, lo que conlleva el acceso a otras agencias de la ONU y a los tribunales internacionales». Me felicitaba por ello como un paso importante y continuaba: «En Ramala, ciudad de Arafat, los palestinos celebraron la creación de un estado portando fotos de Mahmud Abás y de Arafat. Júbilo y alegría para un pueblo que lleva una eternidad luchando por sus derechos…». Y hablaba de que quedaba un largo camino. En aquel momento, muchos países europeos encabezados por Francia y España concretaron el deseo de muchos de sus ciudadanos; se abstuvieron Alemania y Reino Unido y, por supuesto, Estados Unidos e Israel. A día de hoy España está considerada como el país europeo que defiende con más intensidad su apoyo a la creación de un estado palestino como solución a la guerra. Las barbaridades que se están perpetrando por ambas partes son algo inconcebible; la limpieza étnica que Israel está llevando a cabo sistemáticamente es un horror y de paso se está apropiando de la parte norte de Gaza de manera que ha conseguido reunir, maquiavélicamente, en el sur a la inmensa mayoría de palestinos para tener así más fácil su aniquilación. Estados Unidos sigue apoyando a Israel ¿hasta cuando, me pregunto, nos preguntamos los que deseamos fielmente que Palestina tenga por fin un estado? ¿Cuántos años han pasado desde aquella votación de 2012 en Naciones Unidas? Hagan la cuenta y hoy, ingenuamente, una se pregunta, ¿sirve para algo La ONU?