Como calas, pero no.

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Sé que no son calas, pero deben ser primas hermanas; la blanca es un estatifilo que también se conoce como lirio de la Paz o cuna de Moisés, por imaginación que no quede; de la primera no tengo ni idea. Ir al vivero se está convirtiendo en una obsesión. Me gustan las dos versiones; quizás las rojas un poco más por la fuerza del color y la textura como de cera; de tan bonitas parecen «contrahechas» que es una expresión que me hizo mucha gracia cuando la oí por primera vez.

Mundo vegetal.

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Al mundo vegetal se lo debemos casi todo, cobijo, sombra, alimento. Y la contemplación de formas, colores, texturas que la naturaleza nos proporciona. Sin olvidar los sabores, olores, perfumes que hacen de nuestra vida algo realmente hermoso. La belleza está presente en todo lo que dicho mundo nos ofrece día a día.

«En el barco». Costandinos Petros F. Cavafis

Dibujo 4

Dibujo a lápiz sobre papel de Aurelio Serrano Ortiz.

EN EL BARCO

Este pequeño apunte hecho a lápiz

se le parece, ciertamente.

Dibujado con prisa, en la cubierta

del barco, una maravillosa tarde.

En torno nuestro el mar Jónico.

Se le parece. Pero yo lo recuerdo más hermoso.

Era muy sensitivo, hasta el extremo

de sufrir, y ello iluminaba su espresión.

A mi memoria vuelve más hermoso

ahora que mi alma lo evoca fuera del Tiempo.

Fuera del tiempo. Es tan antiguo todo

-el dibujo, y el barco, y la tarde.

1918

Del libro «Poemas». Colección Visor. Alberto Corazón, editor. Madrid 1971.

El paraguayo o durazno II

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Las flores del paraguayo, blancas al principio, se tornan de un bonito color rosa. Al poco de ser trasplantado, comenzó a coger carrerillas y da gusto ver como las ramas se llenan de hojas. La lluvia intermitente de estos últimos días le ha venido muy bien. Y, como dirían en el País Vasco, «qué arretxo está».

Brotan las moreras.

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Tras la oportuna poda surgen los primeros brotes de las moreras. Cada año es igual y cada año acecho con ilusión la llegada de esos primeros brotes. El contacto con la naturaleza, poder observar el ciclo de la vida y cómo esta se renueva, es un espectáculo que no se nos puede hurtar a nadie. Pienso en los niños de las ciudades que, por ejemplo, no saben lo que es un polluelo y que el pollo es eso que viene en bandejas ni conocen lo más elemental de la madre naturaleza. Es una pena, porque conocer es amar y respetar.

Paraguayo o Durazno.

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Las flores del durazno o paraguayo son blancas al principio y se vuelven de un color rosa intenso. Así de bonitas son ahora. Procede de China y es una mutación del melocotonero y, como él, tiene una exigencias del suelo y de cultivo similares al melocotonero y la nectarina. En la península ibérica solo se produce en Murcia y en Aragón. Su piel es aterciopelada, como la del melocotón siendo de menor tamaño y su sabor es más dulce. Existen diversas variedades, de pulpa blanca y de pulpa amarilla. Los frutos los encontramos en los mercados desde finales de mayo hasta septiembre.

Luis de Góngora y Argote.

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Este ejemplar es la quinta edición de las «Poesías» de Luis de Góngora, que se imprimió en 1927. La llamada Generación del 27 está formada por un grupo de escritoras, escritores y poetas españoles del siglo XX, que se dio a conocer alrededor de 1927 con motivo del homenaje organizado, ese año, por José María Romero en el ateneo de Sevilla al poeta del Siglo de Oro, Luis de Góngora, en el tercer centenario de su muerte. Góngora será el máximo exponente de la corriente literaria llamada culteranismo o gongorismo. Famosa es la rivalidad entre Góngora y Quevedo, dos figuras ilustres de las letras españolas, que terminó convirtiéndose en rivalidad y odio personal. El poeta cordobés se burlaba de la cojera de Quevedo y este le acusaba de ser mal sacerdote, de tener origen judío y de ser un jugador empedernido. Al margen de estas disputas, ambos son dos colosales figuras de las letras españolas.

De la «Fábula de Polifemo y Galatea», estas dos estrofas :

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De cerca se ven mejor.

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Ahora, los limones de cerca se ven mejor; todavía son pequeños, pero se diría que crecen día a día y esa celeridad me asombra y me alegra la mañana. Pensé, dentro de mi ignorancia, que serían, desde el principio, como botones pequeñitos amarillos, pero no imaginé que tendrían ese color morado. Y es curioso porque, mi asombro, es nuevo y eso que me crie en Santa Bárbara en un jardín lleno de árboles frutales, de ciruelos, de manzanos; en un jardín que se abría el puerto de Ciutadella… Y sin embargo ahora, es como si hubiese sido una niña de ciudad. Dicen que la memoria es selectiva, pues debe ser eso o que en aquel jardín no habría limoneros… porque recuerdo muy bien aquel estanque y los patos y aquella buganvilla y aquel banco de azulejos… Menorca en el corazón.