Luis de Góngora y Argote.

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Este ejemplar es la quinta edición de las «Poesías» de Luis de Góngora, que se imprimió en 1927. La llamada Generación del 27 está formada por un grupo de escritoras, escritores y poetas españoles del siglo XX, que se dio a conocer alrededor de 1927 con motivo del homenaje organizado, ese año, por José María Romero en el ateneo de Sevilla al poeta del Siglo de Oro, Luis de Góngora, en el tercer centenario de su muerte. Góngora será el máximo exponente de la corriente literaria llamada culteranismo o gongorismo. Famosa es la rivalidad entre Góngora y Quevedo, dos figuras ilustres de las letras españolas, que terminó convirtiéndose en rivalidad y odio personal. El poeta cordobés se burlaba de la cojera de Quevedo y este le acusaba de ser mal sacerdote, de tener origen judío y de ser un jugador empedernido. Al margen de estas disputas, ambos son dos colosales figuras de las letras españolas.

De la «Fábula de Polifemo y Galatea», estas dos estrofas :

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De cerca se ven mejor.

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Ahora, los limones de cerca se ven mejor; todavía son pequeños, pero se diría que crecen día a día y esa celeridad me asombra y me alegra la mañana. Pensé, dentro de mi ignorancia, que serían, desde el principio, como botones pequeñitos amarillos, pero no imaginé que tendrían ese color morado. Y es curioso porque, mi asombro, es nuevo y eso que me crie en Santa Bárbara en un jardín lleno de árboles frutales, de ciruelos, de manzanos; en un jardín que se abría el puerto de Ciutadella… Y sin embargo ahora, es como si hubiese sido una niña de ciudad. Dicen que la memoria es selectiva, pues debe ser eso o que en aquel jardín no habría limoneros… porque recuerdo muy bien aquel estanque y los patos y aquella buganvilla y aquel banco de azulejos… Menorca en el corazón.

El eucalipto.

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Delante de casa hay un eucalipto enorme, muy bonito, pero que llena de hojas los patios, las terrazas y no hay menara de tener nada limpio. Su capacidad de absorción del agua los convierte en especies muy agresivas para el medio ambiente al transformar los ecosistemas por desecación de la tierra donde se plantan.

«Los poetas del mundo defienden al pueblo español». París, 1937.

En 1937 en un taller de una granja normanda en Réanville, cerca de París, se imprimen seis números de una revista de poesía, cuyas ventas se dedicaron a ayudar a la República Española. La iniciativa parte de Pablo Neruda y Nancy Cunard. De Neruda se sabe casi todo, no así de Nancy Cunard, heredera de una gran fortuna naviera que, con su prensa The Hours Press, publicó a autores como Beckett, Ezra Pound, Aragón, Robert Graves… En el prólogo se nos explica quién era, de su amistad con Altolaguirre y de su compromiso contra el fascismo y el racismo. Murió en París en 1965 y está inhumada en un columbario del Père-Lachaise. Esta recopilación incluye poemas de: Pablo Neruda, Nancy Cunard, Tristan Tzara, Vicente Aleixandre, Federico García Lorca, Langston Hughes, Rafael Alberti, Pierre Robin, Cedric Dover, Raúl Tuñon, W.H. Auden, Nicolás Guillén,Robin Wilson, Brian Howard, Randall Swingler y Hans Gebser.

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Esta es la segunda edición, 29 de marzo de 2010. Editorial Renacimiento, Salamanca, 2010. Ilustración de la portada, Ontañòn, 1937.

¡Qué flores más curiosas!

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Según Platón, Sócrates dijo: «solo sé que no sé nada». Realmente no quería decir que no sabía nada sino que se refiere a la imposibilidad de saber algo con absoluta certeza, incluso en el caso de que uno esté absolutamente seguro. Esta disquisición matutina, por mi parte, viene a cuento por que cada vez me doy más cuenta de que, a pesar de mi pasión por el mundo vegetal, cada vez sé menos y cada vez se acrecienta mi ignorancia cuando, por ejemplo, me encuentro ante una planta tan hermosa y totalmente desconocida. ¡Esos pistilos disparados hacia arriba, como asustados, esa inflorescencia que forma un todo maravilloso!

«Nous n’osons plus chanter les roses». Abril 1892 (Poemas inéditos) Cavafis.

Por temor a lo manido

muchas cosas me callo.

En mi corazón hay escritos

muchos poemas y esas canciones

mías enterradas son las que amo.

¡Oh primera, pura, única libertad

de la juventud entregada al placer!

¡Oh dulce embriaguez de los sentidos!

Temo que una vulgaridad cualquiera

ofenda tus formas divinas.

De los poemas inéditos (1884-1923) «C. P. Cavafis Poesías completas» de Alianza Literaria

Una palmera diferente: única. «La Cobra».

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Pasear por los jardines del Hotel «Huerto del Cura» de Elche resulta delicioso por la variedad de árboles y de plantas que abarca, desde árboles frutales a especies con flores exóticas más propias de otras latitudes. Casi al límite de los jardines nos encontramos con esta palmera, única y sorprendente que, como una serpiente, arrastra su tronco por el suelo para terminar alzándose hacia el cielo. Por esta curiosa propiedad se le ha bautizado como «La cobra» y me consta que ha sido fotografiada infinidad de veces. Sentarse encima es casi obligado.

Como una rosa diferente.

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No sé ni su nombre ni su apellido botánico, pero esto no impidió que me atrapara desde que la vi; casi toda ella era verde salvo algunas hojas con un color berenjena algo intrigante. Si algo sé de ella es que es una de esas plantas que llaman «crasas» a medio camino entre una planta normal y una de la familia de los cactus. En los primeros días aún conservaba el color verde por el centro aunque en las hojas exteriores mostraba ya un dominante color oscuro preocupante. ¡Lo que hace la ignorancia! Y, oh sorpresa, qué metamorfosis: poco a poco, con el paso de los días, se fue oscureciendo toda, quedando la planta color piel de higo-procesión… pero tan bonita… ¡Que me perdonen los botánicos!