El Tíber y la gaviota.

503504490473454

Llegados a Roma, la gaviota, una de tantas, nos conduce al Tíber, a sus puentes. Las ciudades con río tienen ese encanto especial y pasear por sus riveras, despacio, contemplando el verdor es de lo más relajante. Por arriba es otro panorama diferente con un tráfico humano desmedido.

Jugando con el sol.

053057054

Sigo buscando los efectos de la luz sobre las hojas y, aunque puede parecer una tontería, es muy entretenido. Y además, de pronto, te encuentras con sorpresas muy agradables y, lo mejor, no cuesta dinero y no se hace daño a nadie.

Flores del paraguayo o durazno.

026028027

Las flores de los árboles frutales que dan origen a los frutos suelen ser realmente hermosas, delicadas y efímeras. Captarlas, para dejar constancia de sus atributos, es seguir disfrutando de ellas cuando veamos cómo van creciendo, día a día, los diminutos frutos que luego harán las delicias de todos.

Arroz con carabineros y galeras

036037038

Fotos Jero García Gázquez

Del mar todo y de entre los mariscos, los carabineros, son mis preferidos por su intenso sabor. Este arroz tiene todos los ingredientes para que salga, a la fuerza, un plato inolvidable.

Ingredientes: Arroz redondo, carabineros, galeras, chirlas, alcachofas, una remita de apio. Para el sofrito: 1/2 cebolla grande, 2 dientes de ajo, salsa de tomate frito. Caldo o fumet de pescado, azafrán o en su defecto colorante alimentario.

Se hace como cualquier arroz, siguiendo los pasos pertinentes, pero es importante que los mariscos se añadan al arroz cuando a este le quede poco de cocción ya que no hay nada peor que un pescado o marisco muy hecho.

Dos nuevos descubrimientos.

005004

Cada día la naturaleza me sorprende con algo nuevo; la flor de la primera foto, con ese ribete blanco, me entusiasmó y la segunda me dejó, como dicen los argentinos, fané y descangallá, porque me pareció, con esos lunares blancos sobre un lila procesión, que era más surrealista que nada de lo que hubiese visto antes en botánica. Los nombres de ambas no los sé, pero a estas alturas ya me da igual, el disfrute que tanta guapura me proporciona es lo que cuenta.

Revista Monteagudo. Universidad de Murcia.

123

Monteagudo es una revista de Literatura Española, Hispanoamericana y Teoría de la Literatura. Revista científica de publicación anual cuyos artículos versan sobre temas de literatura española e hispanoamericana, teoría literaria, literatura comparada, critica literaria, comunicación, poética y retórica. Fundada en 1953 por Mariano Baquero Goyanes, catedrático de Literatura Española de la Universidad de Murcia. A partir de 1985, cambiando de formato y de directrices editoriales y prescindiendo de su vinculación a la citada cátedra, pasó a ser regida por un Consejo de Dirección y comenzó una segunda época con nueva numeración dando relevancia a la relación entre la sociedad murciana y la Universidad, entre el arte que se hacía aquí y los artistas murcianos. La etapa actual, con una nueva estructura, tiene el propósito de publicar en cada número anual un monográfico haciendo más hincapié en su carácter académico y científico. Murcia ha sido y es territorio abonado para la edición de diversas revistas literarias; con mayor o menor acierto, la inquietud creadora de los poetas de la tierra han tenido un lugar donde publicar y dar a conocer sus creaciones, amén de reuniones literarias que, sobre todo en los años 80, eran frecuentes. Revistas como «Arrecife» o «Posdata» agrupaban a un grupo de poetas, literatos y artistas plásticos; lo mismo sucedió en torno a la famosa revista «Verso y Prosa» dirigida por Juan Guerrero Ruiz; Pedro Salinas y Jorge Guillen pasaron por la Universidad de Murcia; la poesía con mayúsculas se paseaba por sus calles.

Para este número tres de Monteagudo del año 1986, tuve el encargo de hacer la maquetación, portada ilustraciones y lámina, labor que me proporcionó una gran alegría por poder contribuir a este número tan representativo de lo que se estaba haciendo aquí.

Tus pasos.

DSCF0011

Foto Paris.

TUS PASOS

Distantes los escucho,

los recolecto y guardo,

indiferente o casi

bajo la boina gris.

Me voy

y el aire

y la carne…

Del libro «Poemas de Nina» de Bárbara G. Carpi.

Lobo Lunar y la paz rota.

13

Lobo Lunar, cuando no estaba aullando a la Luna, dormitaba en la lobera. Pero aquel final del mes de marzo algo inconfundible vino a turbar la paz de aquellos riscos y la piel se le erizó bajo el abundante pelo gris canoso. Con las garras se aferró a la roca, alzó la cabeza y, después de observar el valle, comenzó a oír un estruendo que le heló la sangre. Cientos de tambores retumbaban por el valle y un color de sangre vestían los antes labriegos con ropas que escondían los pies que arrastraban cadenas. Por encima de las cabezas, unos gorros altos, largos y puntiagudos que, también, ocultaban el pelo y la cara toda. Lobo se estremeció mientras el ruido crecía y crecía como una ola y echó a correr con el rabo entre las patas buscando cobijo en la lobera. Mientras mascullaba: «mierda, mierda, todos los años lo mismo».