La alegría de Guinea y la caléndula.

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La alegría guineana prefiere suelos ricos en materia orgánica, pero bien drenados; según el clima puede comportarse como una planta perenne o anual y puede tener flores todo el año. Pueden cultivarse en el interior o en el exterior, aguantan muy bien el sol directo, pero una orientación al este es lo ideal. Las hojas pueden ser verdes, rojizas o incluso variegadas; su follaje es denso y compacto. Florece desde el verano al otoño. El color de sus flores van desde el blanco, el rosa, el salmón, coral, rojo, magenta. Precisa riegos diarios en verano y escasos en invierno; necesita humedad en en la tierra, pero no encharcamientos, nunca mojar las flores; da mucho juego cromático en bordillos, rocallas, jardineras colgantes…

La caléndula, llamada también botón de oro o margarita, es originaria del Mediterráneo y Asia Menor. Se cultiva mejor a pleno sol. Las hojas y flores se utilizan en medicina para las infecciones de la piel en pomadas, dermatitis, inflamación de boca y garganta, para heridas ayudando a que crezca tejido nuevo, dermatitis de pañal, escaras y también se utilizan en gastronomía, en ensaladas; el sabor de las hojas es algo amargo y los pétalos se utilizan incluso en arroces y guisos. Una planta muy versátil.

Los Ángeles del puente (Roma)

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En el puente de Sant´Angelo podemos admirar diez figuras de ángeles y las figuras de San Pedro y San Pablo. Cada una de la figuras porta uno de los elementos de la pasión de Cristo y así vemos: que la que porta la corona de espinas fue realizada por Bernini y su hijo Paolo, hoy en la iglesía de Sant`Àndrea delle Fratte y que fue sustituida por la copia en el puente realizada por Paolo Nardini; la del ángel con la columna de Antonio Raggi; la del ángel con la fusta de Lazzaro Morelli;; la del ángel con sudario de Cosimo Francelli; la del ángel con la túnica y los dados también de Paolo Nardini; la del ángel con los clavos de Girolamo Lucenti; la del ángel con la cruz de Ercole Ferrata; la del ángel con la inscripción «Regnavit a ligno deus» de Bernini y su hijo Paolo, copia en el puente de Giulio Cartari; ángel con la esponja de Antonio Giorgetti y por último el ángel con la lanza de Dominico Guides. El movimiento de los paños de las figuras que, parecen flotar movidos por el viento, les dota de una singular belleza.

Antes del siglo XVI el puente se utilizaba para exponer los cuerpos de los ejecutados en la cercana Piazza di Ponte y con anterioridad el puente era utilizado para llegar a la Basílica de San Pedro. El papa Clemente VII destinó el peaje del puente para erigir las esculturas de San Pedro y de San Pablo y más tarde de los cuatro evangelistas y patriarcas. En 1669 el Papa Clemente IV encargó el reemplazo de los ángeles de estuco de Raffaello de Montelupo. Bernini programó la construcción de los diez ángeles actuales de los cuales, como hemos dicho, realizó dos junto a su hijo Paolo, que en la actualidad se encuentran en la iglesia Sant`Andrea delle Fratte.

La corneja controlando el parking.

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Una corneja cenicienta, de la familia de los córvidos de toda la vida, pasea por el poyete de ladrillo asomándose de vez en cuando para contemplar los restos del Foro, al tiempo que controla, con gran atención, los coches aparcados en la vía Tor de’ Conti. Una vez se cerciora de que todo está en orden, se da la media vuelta, dejando atrás una birra vacía. Estos córvidos, que suelen ser aves migratorias del norte y centro de Europa, pueden ser también sedentarias, radicándose en zonas arbóreas y parques por lo general. Me da que esta es sedentaria y radicada en las cercanías del Foro, lugar donde residían las élites romanas, que no es mal lugar después de todo. En España se han encontrado familias de estos córvidos en el delta del Ebro, nada mal tampoco.

Como Virginia Wolf.

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El reloj de péndola dio las ocho cuando cerró la puerta de un portazo. «No habrá encajado», pensó bajando ya la cuesta, «Y qué más me da», al tiempo que se abrochaba el abrigo. El sol se asomó por encima del pequeño puente. El río, manso como un cordero, le pareció una broma. Su rabia se estrelló contra el pretil de hierro y la gaviota planeó rompiendo la orilla como la sangre en su sien y se escondió en el recodo cuando, al otro lado del puente, Martín y su burro subían despacio. De su pecho brotó un suspiro de resignación. «Qué», le dijo Martín al pasar, «¿otro día como Virginia?» y ella «¡Vete a la mierda!». El burro rebuznó cuando ella le lanzó una piedra que sacó de sus bolsillos…

Medios de transporte romanos.

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¿Quién no recuerdan la película «Vacaciones en Roma» y el recorrido en vespa de sus protagonistas? Hoy la ciudad está tomada por las motos y se ven de todo tipo y cilindradas; la primera foto está tomada en la via Tor de Conti, así como la versión moderna de la vespa del servicio «BiciBaci» que se pueden alquilar para emular a Gregory Peck y a Audrey Hepburn correteando por Roma. No podrían faltar los patinetes, sin tanto glamour, y cómo no los tuck-tuck.

Una planta «desconocida».

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Esta planta de hojas carnosas, cuyas flores parecen bolsitas o, según como las capte la cámara, pececillos boqueando, esta planta, digo, Bossom no la reconoce. La tengo hace años y sigo sin saber como se llama, de modo que estoy por «bautizarla» como «bolsa» del latín «bulsa» y me quedo tan pancha. Las hojas tienen un brillo especial y, las dos que tengo, cuelgan a ambos lados de la puerta de la casa como dando la bienvenida.

En la Piazza del Popolo, «bistecca alla fiorentina».

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En la zona Norte de Roma, y más concretamente en la Piazza del Popolo, las distintas terrazas están siempre llenas de gente, y nosotros escogimos la del «Rosati», que es un coqueto restaurante de ambiente viscontiniano abierto desde 1922. La terraza comenzó a vaciarse cuando, esa tarde, se levantó un ligero viento que nos obligó a refugiarnos dentro. Habíamos tomado un ristretto fuera, pero la noche se precipitó y decidimos cenar allí mismo. Una decisión estupenda, pues tomamos una bistecca alla fiorentina sublime a pesar del camarero, que se empeñaba en decirnos que «era muy grande»; nosotros «que si, que sí» y él, «pero es muy grande»…; al final nuestro empeño le convenció y la bistecca nos supo a gloria. ¡Muy recomendable!

Ponte Sant’Angelo I (Roma)

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El puente del mismo nombre que el castillo está, a lo largo y a ambos lados, custodiado por una serie de figuras de ángeles que portan los elementos de la pasión de Cristo. En principio se llamó Ponte Elio y también fue conocido como puente de Adriano. Bernini diseñó la construcción de diez ángeles y él mismo acabó los dos originales que sostienen la corona de espinas y la inscripción de I.N.R.I., pero ambas fueron requisadas por el papa Clemente IX para su disfrute personal. El nombre del puente, sin embargo, se debe al Arcángel que está situado sobre el castillo. El río Tíber discurre bajo el puente con arcos que permitía el tránsito del pueblo desde el centro de la ciudad hacia la Plaza de San Pedro y el Vaticano. En el interior del castillo hay un pasaje oculto que conduce hasta el Vaticano, que se puede contratar para visitas turísticas. Las farolas se alternan con las esculturas, cuya belleza se dora al caer la tarde antes de que la electricidad cumpla su función; de día o de noche es uno de los rincones imprescindibles de Roma.

Bibliobar Roma.

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Después de dejar atrás el castillo de Sant`Angelo, paseando por este lado del Tíber, nos encontramos con un bibliobar. Un lugar encantador donde tomar algo, sentarse y seguir disfrutando de la tarde mientras ver como van cayendo las sombras alrededor del ángel o jugar una partida de ajedrez o charlar alrededor de un libro o contemplar los buenos modales de un perro tan pacifico como paciente.

Castel de Sant’Angelo (Roma)

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El Castel de Sant’Angelo se inspira en su aspecto exterior en el mausoleo de Augusto, construido en la rivera opuesta del Tíber más de un siglo antes. Fue realizado por el arquitecto Demetriano a partir del 123 d. C. como mausoleo para el emperador Adriano, que murió en el 138 d. C., antes de que estuviera terminado. Su sucesor, Antonino Pio, trasladó sus restos y los de su esposa Sabina en el 139 d. C. y, con posterioridad, fueron allí enterrados los restos de los emperadores que le sucedieron hasta Caracalla, cuyos nombres se leían en el friso de la fachada. Por su situación estratégica, con posterioridad fue un bastión defensivo de la ciudad. Las estatuas que adornaban el mausoleo, así como las columnas, incluido el carro y la estatua de Adriano desaparecieron debido a las guerras. La antigua Mole de Adriano se convirtió para siempre en castillo.