Buda y los caracoles.

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La imagen de Buda es relajante, bondadosa, tranquila. La leyenda dice que era un príncipe llamado Sidarta y que vivió en la opulencia en su juventud. La leyenda también dice que llevaba una cabellera larga que se cortó con una espada y que los rizos pequeños no volvieron a crecer. Abandonó las riquezas y se dedicó a la meditación. Otros cuentan que cuando un día estaba sentado bajo un árbol comenzó a meditar para llegar al nirvana; los rayos del sol, pasadas muchas horas, incidieron sobre su cráneo rapado y un caracol subió a su cabeza para que su baba la enfriara y propiciar así dicha meditación, ejemplo que siguieron otros hasta hacer un número de 108, que quedaron allí desecados. Esa historia de Buda con la cabeza llena de caracoles a modo de tocado la desconocía hasta hace bien poco y eso que tengo varios en casa, porque es una imagen que, como he dicho, me resulta relajante y llena de paz espiritual, aunque sorprendentemente no me había fijado en la forma de dichos caracoles. Por otro lado el caracol es, desde siempre, un animal que me apasiona, entre otras cosas porque se toma la vida con una tranquilidad envidiable y el sacrificio de ellos se representa sobre la cabeza de Buda desde entonces.

Desde la terraza del Hotel Forum (Roma)

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Desde la terraza del Hotel Forum, con una situación inmejorable, por las noches se puede ver una parte del Foro iluminado. En ese ambiente super agradable, la noche romana se disfruta a tope. En la terraza no falta de nada, ni siquiera un guiño a «La boca de la verdad».

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Desde el Palatino.

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Para hacerse una idea más completa de todo el Foro, lo mejor es hacer piernas y subir a la colina del Palatino, desde allí se abarca todo. En las fotografía, esas cabecillas que se ven en lo alto pertenecen a aquellos que quieren verlo desde arriba.

El Foro II (Roma)

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La visita al Foro se puede hacer en un día junto con el Coliseo y el Palatino o hacerlo en dos, que nos pareció más razonable, sobre todo teniendo en cuenta que este abril pasado el sol y el calor se anticipó al verano, de modo que sin sombra a la vista, en medio del recorrido, lo oportuno era sentarse sobre algún resto arqueológico (con el debido respeto, eso sí) cuando el cuerpo desfallecía. Los dioses, a resguardo en los templos, debían regocijarse de ver el tour de los pobres mortales sin resuello; solo a la salida, y después de haber subido en un ascensor debidamente camuflado detrás de unos enormes y hermosos bajorrelieves, pudimos tomar aliento y calmar la sed en un minúsculo bar atestado de ciudadanos venidos de todas las partes del imperio. Los que estaban fisgoneando desde el Palatino, contemplando desde arriba todo el Foro (esa es otra opción) eran como figuras negras a contraluz, que debían también sudar lo suyo. Tomándome una birra muy latina llegué a la conclusión de que lo ideal sería visitar el Foro de noche, a la luz de la luna, con gladiadores portando antorchas y una reclinada en un triclinium.

El «posado» de la gaviota.

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Esto que voy a contar es cierto: paseando por entre las ruinas del Foro romano vi a un grupo de personas paradas en un lugar haciendo fotos, nada anormal por otra parte; cuando me acerqué para ver cual era el objeto de tanto interés, me quedé con la boca abierta (bouche bée). Lo que vi fue a una gaviota parada frente a ese grupo, haciendo un «posado» para las cámaras. Ahora de frente, ahora de perfil… se iba dando la vuelta, de un lado ,de otro. Y, claro, aproveché para inmortalizarla. Al rato seguía allí cual «vedette». Nunca había visto nada igual. Lo normal era que emprendiera el vuelo al ser sorprendida por la gente, pero «ca».

El Foro I (Roma)

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Visitar el Foro es sumergirse en el Imperio romano. Los restos de la ciudad donde se levantaban la casa de Augusto, de Livia, el templo de las vestales… es, si uno es capaz de abstraerse de la gente, emocionante y apabullante. El esplendor de la Roma clásica se percibe contemplando la belleza de las columnas, de los capiteles corintios, los bajorrelieves, los templos, el lugar de la domus áurea de Nerón… El único inconveniente, la única critica posible es que el recinto está mal señalizado.

Flor de cactus y cactus al sol.

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Por casa hay una colección de cactus que tienen ya sus años, de ahí su tamaño. No es que sean mis plantas preferidas, pero sus flores, debo reconocer son tan delicadas, bonitas y frágiles que me asombran. De hecho duran tan poco, un día o dos, que cuando se marchitan me quedo con ganas de más.

El toldo.

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Llega el calor al levante español y hay que estar preparados para paliar, en lo posible, las altas temperaturas que, por lo visto, este verano van a ser más altas de lo habitual. ¡Mejor a las sombra!

El cielo en la Place Vendôme (París)

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Y hablando de cielo, el de la Place Vendòme de esta fotografía no está nada mal,»pas mal» que dicen por allí. Esta plaza histórica de París está situada en el distrito I al norte del jardín de las Tullerias y al este de la iglesia de la Madelaine. Se llamó Place Vendôme por el hotel Vendôme que existía en el lugar. Durante la revolución francesa se llamó Place de les Piques, porque en ella se exhibían en picas las cabezas de los aristócratas y también place Louis le Grand y en sus orígenes place de les Conquetes. En el centro de la plaza se erigió una escultura ecuestre del Rey Sol, que fue destruida durante la Revolución Francesa. Su arquitectura se debe a Jules Hardouin-Mansart, arquitecto del Louis XIV. Los comuneros destruyeron esta escultura por representar el poder real y la tiranía; después Napoleón levantó en su lugar la actual columna dedicada a sus campañas bélicas por Europa a imitación de la columna de Trajano en Roma; para su construcción se fundieron los cañones capturados al enemigo en la batalla de Austerlitz. Napoleón aparece en su cima vestido a la romana. La columna es obra de los arquitectos Jacques Gondoin y Jean Baptiste Lepère. Para hacer los bajorrelieves se utilizaron 150 toneladas de bronce y fueron diseñados por Pierre Bergeret para narrar, en 76 escenas, las batallas napoleónicas. La altura de la columna es de 44 metros y declarada Monumento Histórico en 1992. A día de hoy la estatua de Napoleón no es la original, sino la que su tío Napoleón III encargó a Agustín Dumont, pues en 1814 fue sustituida por la bandera blanca de los Borbones. Una anécdota histórica es el hecho de que en dicha plaza murió Chopin en 1849 en una modesta dependencia del número 12. En la actualidad el lujo reina en la plaza. Las mejores joyerías están allí ubicadas, así como los lujosos hoteles Ritz y Vendôme.