
La obra maestra de el Greco es una obra manierista pintada al óleo sobre lienzo con unas dimensiones de 4,80 x 3,60 m. Se encuentra en la iglesia de Santo Tomé de Toledo. Merece la pena una visita a Toledo para contemplar esta obra de madurez del Greco. El 15 de marzo de 1586 se firma el contrato entre el párroco, su mayordomo y el pintor, en el que se cita de forma muy precisa la iconografía de la parte inferior del lienzo. En él se narra como dos santos, San Agustín y San Esteban, bajaron del cielo para enterrar el cuerpo de don Gonzalo Ruiz de Toledo, señor de la villa de Orgaz, que luego sería condado; el uno, con mitra, sujetándole de la cabeza y el otro de los pies. En el acuerdo se establece «que encima de todo esto se ha de hacer un cielo abierto de gloria». Se pagan doscientos ducados a cuenta y la obra debía de estar acabada para la Navidad de ese mismo año. El Greco consigue tras un tira y afloja que se le pague el importe de 1200 ducados que pedía. El tema del cuadro es el milagro que se produce en el entierro de don Gonzalo donde, además de los santos, aparecen retratados una serie de personajes de la aristocracia contemporáneos del pintor vestidos con ropajes del siglo XVI, cosa anacrónica, ya que el hecho se produjo trescientos años antes. El cuadro se divide claramente en dos partes, la parte terrenal y la celestial; en la parte terrenal una fila de personajes vestidos de negro con gesto adusto asisten al entierro, entre ellos está el autorretrato del propio pintor, a la derecha del fraile dominico, mirando de frente. El conde es representado con reluciente armadura, algo que se contradice con su forma de vida ejemplar, devota y dedicada sobre todo a las obras de caridad. Él mismo arregló y amplió la iglesia donde está enterrado. En primer término, el Greco retrata a su hijo cuando tenía diez años vestido de gala y con golilla, una aparición que según mi opinión no viene a cuento. La unión entre el cielo y la tierra es el alma del conde que asciende de la mano de un ángel. Jesucristo preside la parte superior, vestido de blanco, con la virgen María, que acoge el alma, acompañados de los bienaventurados, entre los que vemos a Moisés, al rey David y a San Pedro con las llaves. El trabajo del Greco se alargó hasta finales de 1587, posiblemente para el aniversario del milagro y fiesta de santo Tomás. El lenguaje manierista del pintor está presente en esta obra, sus figuras alargadas, escorzos imposibles, colores ácidos y brillantes, cuerpos vigorosos, uso arbitrario de las luces y las sombras para marcar las distancias entre los diferentes planos…. Visitar Toledo en cualquier época del año, menos en verano, es una delicia.