De capa caída.

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Las rosas, igual que todo, tienen los días contados y su proceso irremediable de deterioro; lo mismo que esta roja que al final se dobla sobre su tallo, esparciendo un perfume delicioso…

Sur.

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SUR.

El pájaro rojo

que trae el verano

asido por el pico

llegará, sin que te des cuenta,

asolando con el fuego

las llanuras del sur.

Milanesa.

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Milanesa con huevo a baja temperatura y tartufata, otra delicia del restaurante Pocardy en la Playa de San Juan de Alicante.

Dormir, ese ejercicio.

A mamá le molestaban los brazos en la cama, no sabía qué hacer con ellos. Por su parte, Fefa, la mayor, se pasaba gimiendo y llorando todas las santas noches; la mucama decía que era porque había perdido un novio en la guerra de Cuba. Que recuerde, yo dormía como una bendita. En cuanto a la pequeña, no podía hacerlo sin su silla, de modo que cuando le daba el beso de buenas noches a mamá cogía su silla y se la llevaba al dormitorio y allí la colocaba junto a la almohada y, como dormía de medio lado, sacaba los brazos del embozo y los colocaba sobre la silla. Llegue a pensar que en mi familia el hecho de dormir era un ejercicio muy raro. La mucama, oriunda de Tetuán, tiznada de piel pero lista como un camello, opinó un día, limpiando las lentejas en la cocina, que «a la señora madre había que hacerla dormir con la pequeña, que se acostara de medio lado y que pasara su brazo por delante del pecho, y el otro lo dejara quieto sobre el colchón y que la niña, colocara los brazos sobre su señora madre y así se dejara de pamplinas, y la silla en el comedor». Finalmente, mirando por la ventana, sentenció: «A Fefa habría que buscarle un novio, peninsular o no, que había visto uno de Castillitos que tenía una tienda de alfombras que era bien plantao». La madre zanjó la cuestión con una mirada gélida que la mucama entendió al tiempo que musitaba algo en berebere. Afuera Ceuta era una perla envuelta en un mar azul.

Los usos del hibisco.

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Fotografía Noa Serrano Plaza.

El hibisco tiene numerosos usos, no solo como planta ornamental gracias a sus hermosas flores; por ejemplo, el hibiscus sabdariffa se usa como verdura y para elaborar infusiones de hierbas y mermeladas, especialmente en el Caribe. En algunas otras zonas de Latinomérica es bastante conocida la bebida llamada «agua de Jamaica», elaborada a partir de los cálices de esta especie. En Egipto y Sudán se utilizan los pétalos para hacer una infusión llamada «cacadé». ¡Un montón de gracias, Noa, por esa variedad roja tan bonita!

Rodaballo con salsa de ajo negro y cebolleta encurtida.

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Sin duda el mejor rodaballo que he comido nunca. La piel tostada y embebida en la salsa era deliciosa; los tacos de calabacín al dente, un acompañamiento sorprendente y el pescado en su punto. Del restaurante Pocardy en la playa de San Juan de Alicante que tiene, aparte de su fama como hacedor de buenos arroces, una cocina rica en pescados y carnes con recetas vanguardistas.

Hibisco II

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Fotografía Noa Serrano Plaza.

El hibisco o hibiscus es un género de 150 especies de las más de 1000 descritas. De la familia malvácea originaria de las regiones tropicales y subtropicales. Originaria de Asia. Con unas flores espectaculares se comporta bien en interiores. Tiene propiedades medicinales y se toma en infusión ( té de hibisco) como relajante, para reducir la acidez y mejorar el tránsito del aparato digestivo, ayuda a adelgazar y también regula la presión arterial. Necesita mucha luz, pero no conviene que le de el sol directamente en las horas centrales del día. Necesita suelo bien drenado y húmedo. Las flores pueden ser blancas, rosas, amarillas, rojas… tuve una planta cuyas flores eran de color champan que era realmente hermosa. ¡Gracias Noa por esta foto tan bonita!

Se la regaló.

Se había prejubilado. Hacía tiempo que le rondaba por la cabeza porque estaba harta, muy harta de este trabajo de mierda; si es que a este, no remunerado, se le podía llamar trabajo. No tenía horario fijo ni vacaciones ni compensación alguna. Tuvo que tomar muchas decisiones drásticas, romper con todos y con todo, pero no se arrepentía; algunas dolorosas, pero no se amedrentó. Estaba decidida. Y lo hizo. Por las mañanas, cuando iba a hacer los recados, siempre con la hora pegada al culo, se detenía, sin poder remediarlo, ante aquella luna y la miraba. La contemplaba con embeleso. Por fin aquel martes y trece entró decidida. Les dio su dirección y se marchó con el corazón bombeando que daba gusto. Aquella misma tarde se la llevaron y la instaló debajo de la higuera. Se sentó y suspiró. Y pudo contemplar los higos verdales desde abajo y así estuvo hasta la hora de cenar, mece que te mece. Se había quitado hasta el reloj. Y supo que era tarde porque la Luna creciente se había instalado en el jardín y porque oyó que alguien preparaba la comida. Suspiró y se balanceó despacio en aquella mecedora con rejillas. La Luna la miraba con envidia. A partir de ahora, huelga de brazos caídos definitiva y para siempre. Ni fregar ni guisar ni limpiar mocos ni culos… Se había prejubilado y con aquella mecedora se entronizaba en su nuevo reino. ¡Ahora sí que era la reina de su hogar!

El Buda y el caracol.

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La leyenda dice más o menos que ciento ocho caracoles cubrieron la cabeza de Buda cuando este se sentó a meditar para que el sol no le molestara; la baba de los caracoles humedecieron así su cabeza. Por esto se le representa con la cabeza cubierta por ellos. Esta mañana tras una ligera lluvia, por aquí el agua es muy rácana, vimos que este caracol se había plantado encima de la cabeza del Buda que tenemos en el jardín y que compramos a principio del verano. ¡Que maravilla, pensamos, el caracol busca a sus hermanos y la leyenda se repite! Estaremos ojo avizor por si las moscas o por si los caracoles….