
¡Felices fiestas! Con mis mejores deseos de paz y felicidad en este mundo convulso, en especial para Ucrania y Palestina que necesitan de todo nuestro amor y a los que llevamos en el corazón.

¡Felices fiestas! Con mis mejores deseos de paz y felicidad en este mundo convulso, en especial para Ucrania y Palestina que necesitan de todo nuestro amor y a los que llevamos en el corazón.








Por fin llegada a Rouen, la capital de Normandía, y visita obligada a la catedral de Notre Dame de la Asunción, bellísimo templo gótico que Monet plasmara en una serie de cuadros. La serie que hiciera Monet, el gran pintor impresionista, capta la fechada en distintas horas del día, con la diferente luz y color que ello conlleva. La construcción de la catedral se inicia en 1202 y se termina en el siglo XV. Tiene la particularidad de conservar su palacio episcopal y las construcciones anexas, caso inusual en Francia. En el palacio arzobispal, de estilo gótico contemporáneo de la catedral, tuvo lugar el segundo proceso a Juana de Arco, la doncella de Orleans. La parte más antigua de estilo gótico que se conserva es la Torre Norte; por su parte la Torre Sur, la Torre de Mantequilla, no empezó a construirse hasta 1485. Durante la Segunda Guerra Mundial, los bombardeos aliados causaron graves daños en la ciudad y sobre todo en la catedral. En ella es donde está enterrado el corazón del rey Ricardo I de Inglaterra. Sus entrañas probablemente fueron enterradas en la iglesia del Chateau de Chalus-Chabrol en Limousin donde fue herido mortalmente por una flecha de ballesta. La catedral contenía la tumba de mármol negro de Juan de Lancaster, duque de Bedford, uno de los comandantes ingleses que supervisó el Juicio de Juana de Arco; dicha tumba fue destruida por los calvinistas en el siglo XVI, pero sigue habiendo una placa conmemorativa. Con posterioridad e incluso recientemente ha sido reconstruida esta joya del gótico y dan fe de todo ello los paneles con fotografías de como quedó la catedral después de los bombardeos.







Navegando hacia Rouen y llegada por la mañana. El río me sigue enamorando y una vez llegados a la capital de Normandía, cierta nostalgia porque a partir de aquí, la vuelta a París es ya todo seguido, sin paradas.






A lo largo del Sena hemos visto pequeños pueblos y casa diseminadas, en ambas riberas, con la típica arquitectura normanda dotados de una personalidad y carácter que a mi personalmente me entusiasma.









No me canso de contemplar la belleza de las riberas del Sena. Todas las mañanas los marinos del «Botticelli» lo cuidan y miman para que este luzca como nuevo. Vamos rumbo a la capital de Normandía, Rouen. El barco surca las aguas mansas del río. El tiempo sigue siendo fantástico aunque frío, como corresponde al mes de octubre; la humedad se hace presente minuto a minuto. Entre la espesa vegetación aparecen casas preciosas semi ocultas. Y de pronto veo esa «guinguette», que es una especie de cabaret donde acuden los parisinos a bailar y a comer, en parejas o en grupos; en ellas hay restaurantes y pistas de baile generalmente al aire libre. Estos establecimientos se construyen, habitualmente, a orillas de ríos como el Sena y el Marne y algunas cerca de Rouen. Esta se llama «Au fil de l’eau» (al borde del agua). Cuando estas están cerca de los ríos, los clientes podían darse paseos en barca. Muy conocida es «La Guinguette» la obra al óleo de Vincent van Gogh, aquí reproducida de 1886, así como el dibujo «Guinguette» del mismo año.



Ayer a las seis de la tarde Macron, el presidente francés, presidió la reapertura de Notre Dame tras el incendio declarado en abril de 2019. Cinco años y medio después, tras intensos trabajos de restauración junto al Sena, se ha culminado algo que parecía imposible, reabrir la catedral en un tiempo récord. En los cinco años que ha durado la restauración, el presidente francés ha visitado las obras en siete ocasiones y ayer, por fin, el Estado ha entregado el edificio a la Iglesia Católica. Más de cuarenta jefes de Estado han sido invitados entre ellos el nuevo electo presidente de EEUU Donal Trump y Zelenski. Macron y su mujer fueron recibiendo a todos y cada uno de los jefes de Estado en el «parvis» de Notre Dame adaptado para la ocasión con unas estructuras que les resguardaban del frío y de la lluvia. El arzobispo de París Laurent Ulrich golpeó con el báculo la puerta principal tres veces, tras lo cual se inició la ceremonia que constó de una parte civil y otra religiosa y que estuvo acompañada, en todo momento, por los cantores de la catedral y con todo el glamour del que hacen gala los franceses. Un dato curioso es que se han necesitado más de dos mil robles para reconstruir el llamado «bosque» de la cubierta. En el interior desfilaron los bomberos protagonistas destacados de la ceremonia civil. El presidente francés pronunció un discurso, en el que se remontó a otras épocas y donde destacó el papel, siempre, de los gremios de los artesanos franceses que han hecho posible, hoy, esta hazaña a través de más de doscientas empresas. Por su parte el arzobispo de París, presidió la ceremonia religiosa que constó de tres partes. En primer lugar el «despertar» del órgano, el más grande de Francia con más de 8.000 tubos y 116 registros, que no se quemó, pero que hubo que limpiar. En segundo lugar, el canto del oficio, con salmos y oraciones, y a continuación, impartió la bendición; finalmente el coro cantó el «Te Deum». Notre Dame lucía ahora blanca, más de lo que estamos acostumbrados a ver, pero con todo el esplendor de otros tiempos y, de siempre, del que habló Macron. Al final del acto sonaron las campanas y la Estirga y demás quimeras, desde lo alto lo celebraron a su manera.








En la parte alta de Honfleur vimos una iglesia totalmente de madera (foto 5 y 7) y de vuelta al puerto otra cuya entrada también lo era, hoy convertida en museo. Me dio pena dejar Honfleur, pero había que seguir el trayecto. Siguiente visita Rouen donde la presencia de Juana de Arco estaría en todas partes.


La cocina del barco nos sigue deleitando con recetas a base de pescado. Seguimos navegando teniendo enfrente de Honfleur, en la desembocadura del Sena, le Havre y, siguiendo la costa Deauville, otro centro turístico por excelencia donde se daban cita la nobleza europea, la moda y la gente guapa de París.







Cámara en mano, compartiendo el entusiasmo de todos por esta antigua casa de piedra con contraventanas de madera que es casi un jardín vertical. La fachada cubierta literalmente de flores nos dejó «bouche bée», como dicen franceses, en general porque en la lengua de oïl desconozco como se dice. La lengua de oïl, el normando, es una lengua romance que tiene cuatro variantes e incluso una quinta, como para aclararse. En el sur de Francia se habla el occitano o lengua de oc. !Un viaje muy instructivo!








Las casas entramadas, con esas maderas añejas que muestran el paso de los años, con la belleza que el paso del tiempo les procura, es uno de los elementos más personales de esta villa que ya en la Guerra de los Cien Años tuvo su gran importancia estratégica. Vimos buhardillas y muros cubiertos de hiedra y hasta una taberna con el rótulo en castellano; en nuestro deambular por callecitas estrechas que desde el puerto de pescadores subían y bajaban no dejó de sorprendernos lo bien que estaban conservadas tanto las casas, como la estructura del núcleo urbano antiguo. El Museo Etnográfico y de Cultura Popular de la Sociedad del Viejo Honfleur estaba cerrado, una pena, hubiera sido interesante poder verlo.