Los pinos de Roma son famosos en todo el mundo; sus copas redondas o alargadas de color verde a la entrada de la Ciudad Eterna son fácilmente reconocibles, pero estos, la verdad sea dicha, no sé si lo son o no, lo único que sé es que los fotografié en distintos lugares de Roma. Y si lo hice fue porque adoro los árboles en general, estos seres vivos que nos acompañan durante años y que nos protegen del sol al tiempo que, generosamente, nos dan sus frutos.
Sonaba Pau Casals.
La sonata para violonchelo solo de Juan Sebastian Bach le llegaba desde lejos; las avispas zumbaban cerca de la higuera y ella se abandonaba bajo un cielo azul. Tenía el libro abierto sobre el regazo y la hamaca la inducía despacio hacia el sueño. Todo se conjugaba para que ella se dejara llevar, pero justo en ese momento, un ruido, proveniente de la cocina, seguida de un maullido le chafó la mañana. Un humo negro, igual que el gato, salió desde el pasillo de losas verdes donde estaba el pozo y las provisiones. El chico del colmado las había amontonado con cuidado, pero había dejado la puerta abierta. Oyó el ruido metálico de las cacerolas y vio la cola negra chamuscada que dejó en el aire un tufillo poco grato. En el suelo los garbanzos y los fideos se mezclaban con los huesos de caña, el ternasco, y los chorizos; la panceta voló por el aire con tal precisión que el gato solo tuvo que dar un salto para hacerse con el botín. La mañana no había terminado bien a pesar de la sonata, de Pau Casals y de aquel concierto en la Casa Blanca.
El otro rosal.
«La noche de la verdad» de Albert Camus. Los artículos de Combat (1944-1949)
Bajo el titulo de «La noche de la verdad» se reúnen los editoriales y artículos que publicó Albert Camus en el periódico de la Resistencia francesa «Combat» desde 1944 hasta 1949 (fue redactor jefe de dicho periódico entre otoño de 1943 y junio de 1947). Antes, el escritor francés, ya había publicado «El extranjero» y «El mito de Sísifo», pero fueron sus artículos en «Combat» los que le permitieron erigirse como líder intelectual y moral en esos años de la ocupación y, tras ella, en los duros momentos de la reconstrucción. Había que repensar Europa e introducir la moral en la política. Albert Camus, premio Nobel de literatura en 1957, escribió estos artículos tan impresionantes como reacción a los problemas que planteaban la liberación, las deportaciones, la justicia para los colaboracionistas, la escasez de alimentos, las injusticias coloniales (sobre todo en Argelia que él conocía tan bien), las instituciones internacionales y su papel en la postguerra… Porque Camus era muy consciente también del papel de la prensa, de su responsabilidad en esos durísimos años de escasez de todo, no solo de alimentos, y donde la justicia y la moral debían participar en la vida cotidiana. La pasión del escritor se ve reflejada en su defensa de los republicanos españoles y el maltrato que sufrieron en suelo francés, de las críticas al gobierno de Vichy…, cómo poco a poco se va alejando del comunismo. Entre sus libros destacan las novelas «El extranjero», «La caída» «La peste»; las piezas teatrales «Calígula», «El malentendido», «Los justos»; y los ensayos «El mito de Sísifo» y «El hombre rebelde». Camus recibió el Premio Nobel «por su importante producción literaria que ilumina con lúcida seriedad los problemas de la conciencia humana de hoy». Albert Camus, un escritor apasionado, apasionante, cuyas reflexiones, hoy, son igual de válidas que ayer, que siempre. Imprescindible para conocer la historia de estos años convulsos.
Publicado por Debate. Tercera edición.
Rosas de pitiminí.
Regreso al punto de partida: el port de Grenelle en otoño
Conejo con verduras y salsa de mantequilla.
Luna del lobo y Lobo Lunar.
Lobo Lunar estaba inquieto. Se acercaba la noche del trece al catorce de enero y sabía que es entonces cuando la luna llena, la primera del año, alcanzaba su plenitud a las 23:27. Era la Luna del Lobo. Por todos es conocido que, en las noches frías de enero, el aullido de los lobos se podía escuchar en los pueblos de Europa y América, y que en los pueblos anglosajones desde tiempos remotos, la Luna llena de enero se denominó «Luna después de Yule», el nombre dado a la Luna llena tras el solsticio de invierno. La gente creía que los lobos aullaban por hambre en invierno, pero Lobo Lunar lo hacía por que se acercaba el plenilunio y que entonces su astro se iluminaba y llenaba el cielo con una luz sorprendente y bellísima. Lobo Lunar sabía que las vocalizaciones de los lobos servían para comunicarse, reforzar vínculos sociales y coordinar la caza, pero él lo hacía por amor a su astro; salía de la lobera y sobre un risco aullaba y aullaba como nunca lo hiciera otro; después, cuando el astro intruso, el Sol, ponía otra luz al día, rendido, exhausto, volvía a la lobera cansado, pero consciente que otro año había cumplido con su misión. ¡Había reverenciado a la Luna del Lobo, su Luna!
Regreso a París.
Desde Rouen, regreso a París. Se inicia el fin de una travesía deliciosa. En la retina los bellos paisajes de un rico cromatismo, ese cuya diversidad de amarillos, verdes, sienas, enamoraron a los pintores impresionistas parisinos que se reunían en las orillas del Sena, en las distintas guinguetes, para beber, pintar y navegar en las barcas de alquiler, y cuyos maestros nos dejaron muestras en sus obras de toda esa actividad festiva y del todo romántica, cuando hoy las contemplamos en los distintos museos.
Santa Juana de Arco y Rouen.
La actual iglesia dedicada a Santa Juana de Arco en Rouen se construyó en el centro de la plaza del antiguo mercado, donde fue quemada en la hoguera. Se terminó de construir en 1979 y fue diseñada por el arquitecto Louis Arretche. Las amplias curvas de sus estructura evocan las llamas que la consumieron y como un barco volcado, al igual que otras muchas de las iglesias cristianas. La quemaron tres veces para que no hubiera dudas de hacer cumplir la cruel sentencia. La joven campesina de 19 años, llamada «la Poucelle», la doncella, se puso al mando de 4000 hombres en su intento de expulsar a los ingleses; apresada, fue juzgada y condenada por hereje a morir en la hoguera el 30 de mayo de 1431. En 1456 un tribunal inquisitorial autorizado por Calixto III examinó el juicio, anuló los cargos en su contra, la declaró inocente y la nombró mártir.


























