Emily Dickinson, poeta.

Del libro «Poemas» editado por TusQuets, con prólogo de Jorge Luis Borges y traducción y selección de Silvina Ocampo.

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La cara que elegimos para echar de menos –

aunque sea un solo día

ausente está un siglo,

cuando se va alejando.

c.1869

Ardua tarea la de la también poeta Silvina Ocampo a la hora de enfrentarse  al voluminoso  poemario de Emily Dickinson. Aislada voluntariamente del mundo, su enigmática obra, de difícil lectura, escrita entre 1858 y1865 es una obra absolutamente libre, no sujeta a la necesidad de publicación. 

Y…

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Algunas cosas hay que vuelan –

pájaros – horas – abejorros –

de estos no hay elegía.

c. 1859

Después de la lluvia.

Loa pájaros, ausentes en este mes de marzo donde la lluvia ha sido la protagonista, de pronto ayer por la mañana se hicieron notar alegremente. Salí al jardín a la llamada de los gorriones que piaban desaforadamente, como campanas tocando a arrebato, y entonces vi a este posado sobre los cipreses del vecino, tan campante, imponiendo su presencia y quise pensar que era el anuncio de que tarde o temprano tendremos primavera.

La primera flor del paraguayo.

A pesar de las lluvias de estos días que azotan el Levante, esta mañana el paraguayo me ha dado los buenos días con este regalo. No me olvido, sin embargo, de la desolación de las tierras anegadas en el altiplano ni tampoco de Valencia., con ellos está mi corazón. ¡Que esta flor sea un buen augurio de primavera!

La pintura de Bob Dylan.

 

Mundialmente reconocido como cantante, quizás menos como pintor y escultor, Dylan, aunque muy cotizado en el mercado del arte, es un artista polifacético cuyas inquietudes tienen que ver con lo más «genuinamente estadounidenses». En sus obras artísticas, igual que en sus canciones, vemos las mismas similitudes en sus paisajes de Manhattan, en sus dibujos de personajes neoyorquinos… En las últimas décadas Bob Dylan intensifica su labor de pintor. Su obra artística abarca también esculturas en hierro ensamblando herraduras y trozos de metal. En las dos primeras obras aquí reproducidas percibo reminiscencias del Matisse de su época en Niza y en la última, en el personaje central, algo de Chagall. En el post anterior, decía que a mí las letras de sus canciones, en general, no me gustan por la sencilla razón de que mezclar patos silvestres con la Coca-Cola me chirría, aunque «Soplando en el viento» me parece desde siempre una canción muy hermosa. En definitiva la culpa es mía; me he quedado en las películas clásicas de Ford o en las del cine negro americano. ¡Para gustos, los colores!

Bob Dylan.

Cuando pinte mi obra maestra

Oh, las calles de Roma están llenas de escombros,

las huellas del pasado aparecen por doquier,

casi puedes pensar que estás viendo doble

si subes por las escalinatas de España en una fría y oscura noche.

Vuelvo rápido a la habitación del hotel,

donde he quedado con una bella princesa de Gracia

que prometió que estaría a mi lado

cuando pinte mi obra maestra.

… … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … …

Del libro «Bob Dylan». Ediciones Júcar. Madrid, 1972.

Los juglares de nuestro tiempo como Bob Dylan (Robert Allen Zimmerman), Joan Báez o Leonard Cohen de reconocido prestigio en todo el mundo, han tocado distintos géneros, pero en el caso del primero de ellos sus canciones destacan por su fuerte contenido de protesta social. Debo reconocer que las letras de Dylan, galardonado con múltiples premios por todo el mundo, entre ellos Premio Príncipe de Asturias de las Artes en 2007 y flamante Premio Nobel de 2016 por «haber creado una nueva expresión poética dentro de la gran tradición de la canción estadounidense», a mí personalmente no me gustan y lo digo sabiendo que puedo ser crucificada por ello.

Un árbol lleno de flores…

Cerca de donde vivo hay unos árboles preciosos que ahora, en febrero, están llenos de unas flores rojas muy bonitas. Hice las fotos desde el coche y no tuve tiempo de acercar el objetivo ni tuve la precaución de preguntar a la aplicación PlantNet cual era el nombre de dicho árbol. Si alguien lo sabe me gustaría saberlo…

Garbanzos con langostinos frescos.

Potaje marinero que el mismo Francisco Grande Covíán, famoso médico nutricionista e investigador bioquímico español que alabó las propiedades de las legumbres en general y de los garbanzos en particular, hubiera bendecido. Este potaje es un todo terreno, caliente para los días de invierno, es delicioso y lo mismo se puede decir en el verano a temperatura ambiente. Receta rápida y fácil, si la hacemos con los garbanzos cocidos.

Ingredientes: 400 gr. de garbanzos cocidos, 800 mililitros de caldo de pescado, 12 langostinos frescos o descongelados, 1 cebolla, 2 dientes de ajo, 2 cucharadas de pulpa de pimiento choricero, 2 cucharadas de salsa de tomate, 1 cucharadita de pimentón dulce, 1/2 de pimentón picante, 1 hoja de laurel, 100 ml. de brandy o vino blanco, unas ramas de perejil, aceite de oliva, sal.

Picar finamente los ajos y la cebolla, y freír a fuego medio en una cazuela con un chorro de aceite y sal. Mientras, pelamos los langostinos y reservamos las cabezas, las colas y las cáscaras. Cuando la cebolla esté blanda añadimos la salsa de tomate, la pulpa de pimiento choricero y la hoja de laurel. En una sartén doramos las cabezas y las cáscaras con un poco aceite y las aplastamos para que suelten su jugo. En la misma cazuela ponemos los garbanzos y 400 ml. de caldo. Cocemos 10 minutos, agregamos el pimentón y enseguida el brandy o vino. Añadimos el resto del caldo y dejamos cocer unos minutos más. Añadimos las colas de los langostinos y el perejil picado a la cazuela, tapamos y apagamos el fuego. Dejamos reposar unos minutos y ¡a disfrutar!

«Pessigolles»

El barco correo entre las islas pasó de largo. Sentada en aquel bar del pequeño puerto de Ciutadella, lo vio; recortado sobre el negro, la popa era como una gaviota que dobló enseguida la costa y se perdió en la noche. Las notas de una habanera, desde dentro del local, le hizo sonreír; se imaginó a su padre que los domingos preparaba la paella y canturreaba: «Un señó demunt un ruc…» en un menorquín que desconocía y como su risa se mezclaba con las «pessigolles», las cosquillas, que intentaba hacerle mientras ella se escapaba riendo y el perro daba saltos alrededor del fuego, olisqueando el arroz que olía a gloria. Se pidió una «pallofa», olió el gin y mentalmente brindó por él. Miró hacia el puente que llevaba a su infancia, al carrer de santa Bárbara, a un tiempo feliz desaparecido como aquel barco en la noche. Seguían las habaneras y las flores blancas de las alcaparras perfumaban su recuerdo en aquel bar del pequeño puerto de Ciutadella.

Gaviotas y Palomas.

Roma está llena de gaviotas y de palomas; las vemos en el Foro, oteando el horizonte o bien volando o posadas sobre el murete de piedra sobre el Tíber y algunas sobre las cabezas de las estatuas del puente de Sant’Angelo, sin miramientos… acostumbradas a tanta belleza.