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«El libro del amor» de Nizar Kabbani

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Poesía HIPERIÓN S.L. Madrid 2001

Nizar Kabbani nació en Damasco el 21 de marzo de 1923 y, aunque falleció en Londres el 30 de abril de 1998, está enterrado en Damasco como él quería. Está considerado uno de los más grandes poetas en lengua árabe junto con Adonis y Mahmud Darwish, y representa la voz del amor y de la belleza femenina. «El libro del amor» refleja las inquietudes, las alegrías y el sufrimiento que el poeta siente hacia la que sería su segunda esposa. Lejos del hermetismo, con versos sencillos, coloristas, luminosos, Nizar forma parte, hoy, de la memoria de millares de árabes que recitan sus versos. Escribió más de cincuenta libros de poesía y recibió numerosos premios literarios, aunque también fue muy controvertido por tratar el tema tabú del sexo.

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Lo más bello de ti es la locura.

Lo más bello de ti, si me permites,

son tus pechos saltándose las normas.

3

Como el pez,

rápida y cobarde en el amor.

Has matado a mil mujeres dentro de mí

para convertirte en la reina.

«En el quai»

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EN El QUAI

(II)

Dentro del sueño

soy una Ofelia sin belloritas

sin adornos vegetales;

me dejo ir casi desnuda,

entre las aguas

solo con piedras

en los bolsillos transparentes.

Del libro «Poemas de Nina» de Bárbara G. Carpi

Poeta en Nueva York, dibujos.

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Dibujos de Federico García Lorca.

Estos dibujos los hizo el poeta granadino para que ilustraran su poemario «Poeta en Nueva York». El último es la firma de Federico y el anterior a este es su autorretrato en N.Y. Particularmente no me gustan, pero tienen la gracia inocente de un niño y un sentido lírico muy particular con signos surrealistas. Los peces y la luna forman parte de su mundo poético. En París escuché estos versos: «»verde que te quiero verde y verde, verde limón», en serbocroata, ¡Federico universal!

N.Y. de noche.

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Fotos Noa y Aurelio Serrano García.

La travesía de noche por el río Hudson muestra la ciudad de los rascacielos en toda su magnificencia, como un gran escaparate de luces, símbolo del progreso y de la tecnología. Y después de la noche llegará la aurora y García Lorca… De su poema, «La aurora» del libro «Poeta en Nueva York», solo unos versos:

LA AURORA

La aurora de Nueva York tiene

cuatro columnas de cieno

y un huracán de negras palomas

que chapotean las aguas podridas

La aurora de Nueva York gime

por las inmensas escaleras

buscando entre las aristas

nardos de angustia dibujada.

La aurora llega y nadie la recibe en su boca

porque allí no hay mañana ni esperanza posible.

A veces las monedas en enjambres furiosos

taladran y devoran abandonados niños.

… … … … … … … … … … … … … … … … … …

La Estirga de Notre Dame

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La Estirga: foto de Brassaï de1936

La Estirga

La Estirga de Violet le Duc

escruta la ciudad.

La Estirga chasquea la lengua y

los ojos de las mal llamadas gárgolas

se abren al infinito de la noche.

¡Y es un carnaval y un guiño

entre ellas y el jorobado!

Del libro » Los poemas de Nina» de Bárbara García Carpi.

Poemas Últimos

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Foto Bárbara

Ya no está

Pero es

una parte del yo

que sigue estando

Adendda: «Mi hermana» del libro «Últimos Poemas» de Aurelio Serrano Ortiz.

Hammurabi

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Foto Bárbara. Código de Hammurabi, Museo del Louvre, París.

Hammurabi

Mientras tú girabas

en torno al código

yo me instalaba junto a uno

de los toros alados

empequeñecida, asombrada;

veía nuestros respectivos vuelos

¿porqué no? a través de

Mesopotamia.

Del libro «Cantos del Arpista» de Bárbara Carpi.

Cóctel Osiriano

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Foto Bárbara

Cóctel Osiriano

En un buen cóctel osiriano

no debe faltar lo siguiente:

mitad de sentido ético,

mitad de magia, una pizca

a modo de angostura, de

reino de Poniente, un pelín

de justicia removiendo -que

no agitando- con la pluma

que la representa.

Del libro «Cantos del Arpista» de Bárbara Carpi

En la época de la dinastía Chen

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Foto Bárbara

ASENTAMIENTO

En la época de la dinastía Chen,

a mitad del segundo milenio

antes de Jesucristo,

hubo una migración masiva

desde la gran llanura hacia el sur,

hacia las verdes riberas del Yang-Tse.

En los trigales del Wei

se combatía y se cultivaba,

era la sangre la que abonaba

los campos.

¡Qué necia repetición a través de la historia!