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La playa de París

Alguien debió pensar que lo único que le faltaba a París era la playa. ¿Y quién ha hecho por la ciudad más que nadie? La respuesta es bien sencilla y en este punto todo el mundo está de acuerdo: su alcalde. Bertrand Delanoë, el alcalde socialista, ha dado una vuelta de tuerca a la ciudad, si es que eso era posible. El resultado es que ha acotado una zona en el Sena delimitada con banderolas azules, ha colocado tumbonas y duchas para que los franceses y los turistas disfruten tomando el sol y se alivien de la «canicule» (que haberla hayla, en esto se nota también el cambio climático). ¿Y qué más cosas ha hecho el alcalde? Pues poner música diversa por todos los rincones a lo largo del Sena, salsa, jazz , rock… en un día dedicado a la música y todo el mundo a bailar por las calles como si fuera la víspera del 14 de julio; más cosas: ha cerrado el tráfico rodado en diversas calles los domingos por las mañanas para que  familias enteras (papás con niños),  jóvenes y jóvenas y también maduritos puedan ir patinando en línea por las zonas más bonitas. Y da gusto ver salir de la plaza de la Bastilla a esa marea humana a las doce en punto rodando y rodando hasta que el cuerpo aguante. Esto es solo un ejemplo; yo desde ahora le daría mi voto perpetuo si tuviera derecho a ello.

Los sauces llorones del Sena

Sauce llorón a orillas del Sena. Foto: Bárbara.

¿Alguien sabe por qué al sauce llorón le cayó ese ladrillo? ¿Se merece, el pobre, este adjetivo? Por qué llorón y no grandón, vistosón, fatigón, huevón, cagón, mariposón, meón, orejón… Pongámonos como nos pongamos un sauce siempre será lo que es; lo que tienen los adjetivos es que califican, si no calificaran sería menos doloroso, y él gesticularía menos. ¿Han visto cómo se mueve en días de viento?; la cosa se puede suavizar dependiendo de quien sea el que califique y él se podría sentir reconfortado porque el sauce, por tener, tiene hasta empatia; supongamos que el que lo hizo por primera vez fuera un poeta lamentoso, relamido, alambrequinado, en trance de perderse en absurdas divagaciones góticas, porque vio a la Estirga sobrevolar los puentes convertida en ave nocturna. El poeta al final pudo llorar sobrecogido, al tiempo que le nacía un poema y se  interrogaba, respecto del sauce: «Un sauce grandón no tendría sentido, sería como decir un manzano grandón y un sauce vistosón, y uno fatigón tampoco, pero si le llamamos llorón resulta quizás cursi, pero tierno y hasta simpaticón…»

Los sauces llorones del Sena

Desde el sauce del Memorial de la Deportación. Foto: Bárbara.

 

Las  esbeltas ramas del sauce enmarcan la punta de la isla de la Cité señalándonos el lugar de acceso al Memorial de la Deportación.

La calle de Johnny Carter.

Rue Lagrange.Foto:Bárbara.

Ya hemos visto anteriormente que la Estirga Burlona desde lo alto vigila, mirando a la izquierda, la rue Lagrange y por qué, pues porque también es cortazariana y sabe que ahí vivía Johnny Carter, el torturado personaje de «El Perseguidor», la novela corta de Julio Cortázar que recomiendo a todos los cronopios e incluso a las famas, si tienen un buen día.

Los sauces llorones del Sena

Los hay como el guardián del Memorial de la Deportación y otros como este en la rive gauche que alberga o acoge a un hombre solitario en el momento captado, desde fuera, parece un refugio seguro, lejos de las miradas de los otros, un lugar perfecto para recordar…

Paseo por el Louvre (Mesopotamia)

Sargón II, siglo VIII a. C. Museo del Louvre. Foto: Bárbara

En las salas que contiene el arte que floreció a orillas del Tigris y del Éufrates, aparte de contemplar las maravillosas esculturas en diorita del sabio Gudea, patesi de  Lagash, sin sospecharlo nos topamos con Sargón II llevando una cabra montés en un bajo relieve ¡fantástico!