
EN El QUAI
(II)
Dentro del sueño
soy una Ofelia sin belloritas
sin adornos vegetales;
me dejo ir casi desnuda,
entre las aguas
solo con piedras
en los bolsillos transparentes.
Del libro «Poemas de Nina» de Bárbara G. Carpi

EN El QUAI
(II)
Dentro del sueño
soy una Ofelia sin belloritas
sin adornos vegetales;
me dejo ir casi desnuda,
entre las aguas
solo con piedras
en los bolsillos transparentes.
Del libro «Poemas de Nina» de Bárbara G. Carpi


He tenido, hace años, la planta que da esas flores de un azul pálido casi blancas. La planta, de cuyo nombre no consigo acordarme, tiene una floración abundante y no requiere grandes cuidados. Se va acercando la primavera y tengo, ya, necesidad de darme un paseo por el vivero.



¡Como pintora no debería decirlo (pienso en Rotko, al que admiro), que no se me entienda mal, pero como fotógrafa aficionada debo reconocer que la mejor paleta corresponde a la naturaleza!


Que el tiempo está loco, lo sufrimos todos los días; para los alérgicos esto es una locura. Y así, entre estornudo y estornudo añoro el verano. De él me fascinan sus colores, que no sus calores. dicho sea de paso; no obstante, me declaro más partidaria del otoño e incluso del invierno, que del verano en estas tierras moriscas del levante español.

Receta y foto Bárbara.
Si yo fuera china no sé si me gustaría tanto el arroz como a ellos o más; en todas sus variantes, seco o caldoso me encanta, comería arroz todos los días. Este arroz tiene dos ingredientes que le dan un plus, el pulpo y el salmón. Y como no tuve una buena experiencia con un pulpo que me salpicó agua caliente en la cara, pues lo compro ya hervido. El salmón, por su parte, al ser un pescado graso, aporta esa grasa tan saludable al arroz que queda meloso y muy rico. Lo hacemos con un buen caldo de pescado, fundamental, y un sofrito de cebolla y tomate, con dos dientes de ajo como siempre. Con la precaución de poner el salmón casi al final para que no salga seco. No tiene ningún secreto y sale muy, muy bueno.

El brillo natural de la fruta me gusta tanto fotografiarlo como pintarlo. Perseguir ese efecto, desde que existe la fotografía, se volvió inútil. Liberada la pintura, cada cual lo hace como quiere.


El olor de las hojas de la higuera a mucha gente le desagrada; este no es mi caso. A mí de la higuera me gusta todo, hasta el olor. Y cuando en verano podemos disfrutar de la dulzura de los higos, cogiéndolos directamente del árbol, entonces me siento como el emperador Augusto, con la salvedad de que no habrá ninguna Livia que los envenene.



Los que siguen este blog saben que una de mis aficiones preferidas es ir a pasear por los viveros y, como mi «garden» es pequeñito y no puedo llenarlo ya de más cosas, pues me hago la ilusión y peripatéticamente voy coleccionando fotos a falta de otra cosa.

Receta y foto Bárbara.
Mi gusto por la pasta debe de ser por mis ancestros italianos, por algo mi apellido materno, Carpi, procede de Italia. Debo decir que mi plato preferido es el «cacio e pepe» y que el mejor lo comí en Roma. Esta receta es, como todas las mías, fácil, nada complicada y rápida de hacer.
Ingredientes. Linguine, salmón fresco, nata para guisar, pimienta y hierbabuena.
Hervida la pasta con bastante sal, la escurrimos. En una sartén con un poco de aceite de oliva hacemos el salmón cortado en dados, con cuidado de que no se haga demasiado, y lo mezclamos con la pasta. Añadimos bastante pimienta y agregamos la nata; mezclamos y espolvoreamos por encima con hierbabuena fresca.


Fotos Bárbara.
La luz de la tarde va deslizándose sobre las hojas; despacio, en su declive, deja paso a las sombras. Y es, entonces cuando, en esa despedida, dora el verde clorofila hasta que la noche lo invade todo.