Es raro el día que no te vea. En esta postura que tengo que adoptar necesariamente, casi siempre estás presente. Y, cuando tu presencia se hace evidente, se podría decir que me siento aliviada. Y esto sucede con las pequeñas cosas cotidianas. Nos tranquilizan como si ellas, al formar parte del dia a día, hicieran que los nervios se relajaran. Entonces la sensación es de que todo está bien. Ahora que te descubro, como cada mañana, me siento tranquila, Tú vas trazando, se supone que siguiendo un cierto orden que yo no acierto a descubrir, un camino prefijado. Y ese itinerário es tan cambiante, fluctúa tanto que he llegado a pensar que no tiene sentido o que yo a estas horas tan tempranas no tengo la mente despierta. El caso es que mi semi somnolencia y tu frenética actividad forman parte de dos mundos tan diferentes, que solo coinciden en los instantes en que sentada en el w. c. te veo. Y te sigo con la mirada como buscas el orificio de entrada, justo en el marco de la puerta.Y has desaparecido. Hoy solo era una hormiga, pero hay días en las que se juntan varias y todas buscando la entrada al hormiguero o la salida, que con ellas nunca se sabe.