


Fotos Aurelio.
En la Galería Borghese el «todo» Roma se da cita y hay que estar preparada cuando sala tras sala una se sumerge en el mundo clásico. ¡Es una delicia! Hay tanto y tan bueno de todo, que solo te falta llevar un peplum para sentirte en el mismísimo centro del Imperio. Estos «seres diminutos» de las fotografías me llamaron enseguida la atención, con esos gorros sacados de un cuento, con esas sonrisas dibujadas en sus caras y la donosura con la que portaban sus respectivas túnicas… en fin, un aspecto burlón que rompía con la seriedad de ese templo del arte que mandó construir el señor Borghese, esposo de la Bonaparte, hermana de su regio hermano. Y para remate, el bostezo de la última figura pone la nota genial de esta sala prodigiosa.