Picasso, época azul y rosa

Picasso: "Mujer de tocado alto", 1904. Gouache sobre cartón. Chicago, Art Institute.

Picasso: «Mujer de tocado alto», 1904. Gouache sobre cartón. Chicago, Art Institute.

Si Picasso no hubiese sido Picasso, posiblemente sobre los años 1904 0 1906 -años en los que se termina su época azul y rosa- podría haber dado por cerrada la búsqueda de un estilo, de una marca, de una forma de pintar genuinamente suya. Pero Picasso no es un pintor ni un escultor ni un ceramista ni un escritor ni un figurinista… Picasso es un creador nato; un genio poderoso que rompió todas las normas, que escrutó todos los caminos, que abrió para que otros, después, no supieran muy bien qué hacer con ellos. Así fue Picasso. Picasso tuvo que ir creando continuamente formas nuevas, como impelido por una necesidad ciega que no le daba tregua… Y lo mejor de él, es que gozaba con la inocencia de un niño; y, como ellos, no se cansaba de jugar; de igual manera no se hastió en ningún momento de su dilatada vida de disfrutar de todos los placeres terrestres y celestes sin olvidarse, como un demiurgo que era, de ordenar su mundo cotidiano: de una piedra hacía un pájaro; de un pájaro, «el pájaro»; de una cabra, «la cabra de Picasso».

En unos pocos años -los que comprenden el principio de «su siglo»-, de 1901 a 1906 realiza las dos series, la azul y la rosa, series prodigiosas que hubieran bastado para llenar la vida de cualquier pintor. Pero ya hemos quedado que Picasso era otra cosa. Comienza el periodo azul con el cuadro «La habitación azul» y el rosa con el llamado «El actor». El primero de ellos se puebla de seres marginados, de paisajes fríos gracias a la elección del azul. La línea en esos años cobra una importancia relevante, se estiliza dando lugar a miembros alargados y angulosos que luego muchos pintores -también en Latinoamérica- adoptan como una forma de expresión dolorida, de expresionismo del «cuerpo». Se habla mucho del estudio de Picasso del arte egipcio y de la influencia de este en esas dos épocas. En la rosa, si bien se mantienen las mismas premisas en cuanto al color casi uniforme – solo al principio- y a la línea, su mundo se va poblando de personajes del mundo del circo que tanto admiraba. Y, a medida que ese mundo le invade, su paleta se vuelve a la vez azul y rosa, además de sumar rojos, ocres, verdes, sienas… Picaso decía que todos los colores de un cuadro debían estar en todos los sitios a la vez. En definitiva en un prodigio de vida que trasciende a la tela.

Cómo olvidar obras tan admirables como: «El guitarrista ciego», «La Planchadora», «La muchacha de la corneja», «Acróbata y joven arlequín», «Retrato de la señora Canals» y un larguísimo etc.

16 pensamientos en “Picasso, época azul y rosa

  1. Magnífico cuadro, Bárbara; es uno de los que más me gustan de esa época en la que los ojos -¿muertos?- no condicionan la expresión, sino que lo hacen las formas y actitudes del cuerpo, amén, por supuesto, de ese aire y de esa luz azules…

  2. Yo tampoco había caído en ello,pero tienes razón,es una luz fantasmagórica que condiciona la expresión.Picasso siempre tan genial.

  3. ¡Magnífica presentación, Bárbara, y brillante agudeza la de Aurelio! Diréis que soy demasiado clásico, pero las épocas azul y rosa son mis preferidas de Picasso.

  4. Superbe toile, Barbara ! Merci pour cet article lumineux qui nous rappelle combien le talent de Picasso s’exprimait de diverses manières, mais toujours avec la même géniale évidence.

  5. Me encanta esta obra..! yo termine de dibujarla en estos días, voy a un taller de dibujo y pintura..soy de Bs. As. Argentina, Ah, me olvidaba AMO PARIS!!!

    • ¡Ya tenemos dos cosas en común, nuestro amor por París y por Picasso!!! Habrás disfrutado dibujándola y seguro que te habrá quedado muy bien porque las cosas que se hacen desde la pasión tienen eso como valor añadido.
      Muchas gracias por tu comentario y por pasar por aquí.
      Un saludo afectuoso.

  6. Me encantan sus pinturas de esos periodos, marcadas por una sensibilidad exquisita no desprovista de nostalgia, de amor a sus modelos, ni tampoco, como tú dices, del severo expresionismo que se nota claramente en la imagen que adjuntas.
    Lino

  7. En cambio, a las ‘demoiselles d’Avignon’ las encuentro espantosas. A veces pienso que debe haberse reído de buenas ganas de los críticos que le celebraban ‘genialidades’ como estas.

    • Pues no me extrañaría nada… llegado a este punto todo lo que hacía se celebraba como una genialidad. Yo las encuadro en esa ruptura que supuso el cubismo y reconozco que a mí si me gustan… menos mal que el «gusto» es personal… como todo; de esa época hay muchas cosas que no me agradan nada.
      Muchas gracias por tus visitas y comentarios.
      Un abrazo.

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