
Pablo Neruda dijo de Miguel Hernández que tenía «cara de patata recién sacada de la tierra». No es un comentario peyorativo, sino la expresión de su unión con la tierra.
Esta receta lo mismo sirve «para un cosido que para un remiendo», expresión muy castiza de esta patria al borde del colapso fundamentalmente por dos enemigos del pueblo llano, a saber: los sinvergüenzas especuladores internos y los externos a nivel mundial. La receta, aunque simple y barata, alegra cualquier mesa, lo mismo acompañando unos huevos majestuosos con puntilla y rebordes de gorgueras felipianas de El Escorial, que unidos a cualquier exquisitez de casquería ( higaditos, criadillas, riñones…), tan desnostada por los cardiólogos y, por eso mismo, tan exquisitas y de pecado mortal.
Patatas al ajo cabañil.
Ingredientes: aceite, patatas, ajos y vinagre.
Cortamos las patatas en rodajas finas, como para tortilla española, y las freímos en abundante aceite a fuego vivo y bajamos luego a fuego suave para que queden blandas. Reservamos las patatas. Picamos bastantes dientes de ajos, como para asustar a un regimiento de vampiros, y los ponemos en la misma sartén, rehogamos y, sin que lleguen a tomar color, añadimos las patatas. Regamos con abundante vinagre y seguimos rehogando un poco más. Et bon apetit!