Indignados. Movimiento del 15 M y Siria.

Más indignados que nunca

Comienzan las marchas conmemorando el nacimiento del movimiento del 15 M en muchas ciudades españolas y del mundo. Veremos qué pasa con las medidas restrictivas tomadas por el gobierno y si la fuerza ilusionante que movilizó a tanta gente de todas las edades continúa viva con la esperanza de cambiar tantas cosas que no nos gustan. Hoy, con mayor motivo, tenemos el derecho a indignarnos, porque lejos de mejorar la situación a nivel nacional e internacional ha sufrido un deterioro muy preocupante. El retroceso es tremendo y no preludia nada bueno; con todo, tenemos «el privilegio» de vivir en una democracia y en eso que llaman el primer mundo. Y consciente de que nos despertamos con noticias sobre atentados terroristas en cualquier país del mundo todos los días, no quisiera creer que ya no nos conmueven ni nos merecen tan siquiera una reflexión. El último de ellos, de considerable magnitud y crueldad, se ha perpetrado en Damasco con el resultado de medio centenar de muertos, casi todos civiles, y alrededor de 370 heridos. El régimen de El Asad cuenta a su favor con una oposición muy dividida y con algunos elementos de Al Qaeda que le vienen muy bien, en el plano internacional, para tachar a toda la oposición de terrorista. La situación geopolítica de Siria no es equiparable a la de la Libia de Gadafi; entre otras cosas porque aquí nadie quiere una intervención militar ni siquiera restringida. El apoyo de Rusia al régimen sirio data de los años 70; el puerto de Latakia es la salida que tiene al Mediterráneo. El veto de Rusia y China en Naciones Unidas impide la intervención armada, aunque el mandato se obviase  en otras ocasiones, como en el caso de Kosovo en 1999. Así las cosas lo peor que podría pasar es que la situación desembocara en una libanización, en un todos contra todos. Los opositores, la mayoría suníes, querían una Siria democrática; el régimen de El Asad,  formado por sirios alauíes de religión chií, cuenta con el apoyo de los de Irán, Líbano e Irak y con los rebeldes kurdos del PKK, que se oponen al régimen turco. Es increíble que en 2012 las etnias y las religiones sigan en el fondo de la charca enlodando cualquier entendimiento. Por su parte los Amigos de Siria, que es una coalición formada por la Liga Árabe, Estados Unidos, Turquía y Europa encabezada por Francia, siguen intentando que el alto el fuego sea real, cosa que es evidente no sucede, y  que se pueda abastecer realmente la población a través de los pasillos humanitarios. Lo peor es que el tirano se siente fuerte; posiblemente la solución menos mala sería un golpe militar que fuese capaz de materializar una transición democrática, algo difícil por otra parte.

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