Se cumplen 20 años del inicio de la guerra de Bosnia, de la llamada «limpieza étnica» de los musulmanes de Bosnia llevada a cabo por parte de las sanguinarias fuerzas serbias. Lo que sucedió en los Balcanes desde el 6 de abril de 1992 hasta que se firmó la vergonzosa paz de Dayton es la mayor ignominia que la Europa democrática y civilizada llevará siempre en su memoria. Después de los incalificables crímenes nazis ¿cabía esperar el mismo horror genocida, la misma barbarie otra vez en suelo europeo? Europa los dejó en la estacada, Europa no hizo nada para detener a las «águilas blancas» de Ratko Mladic que en una semana asesinaron a 8000 musulmanes, varones de entre 16 y 60 años en Srbrenica; sin contar con las violaciones de mujeres, mutilaciones y crueldades inimaginables. Los campos de concentración con seres esqueléticos que nos miraban detrás de las alambradas desde los informativos que cada mañana nos trasmitían las crónicas de los corresponsales suponía un despertar atónito y desgarrador. ¿Qué estaba pasando? ¿O es que los pueblos de la antigua Yugoslavia no son Europa? Otra cosa es que formen parte de la Comunidad Europea y en eso están. El gran escritor Juan Goytisolo comprometido desde siempre en su lucha por la libertad y por el dialogo entre el islam y el cristianismo traslada en «Cuadernos de Sarajevo» sus experiencias en la asediada ciudad de Sarajevo en el verano de 1993. Sarajevo ciudad cosmopolita ejemplo de convivencia de cuatro culturas como lo fuera Granada, en otro tiempo, era el objetivo que destruir, había que aniquilar la memoria de la cultura musulmana destruyendo la Biblioteca Nacional. Había que destruir la idea, el ideal de convivencia pacifica y enriquecedora. No es tan fácil destruir las ideas. Juan Goytisolo y Susan Sontag, dos ejemplos admirables de compromiso unidos en ese verano de 1993. Hasta en eso los intelectuales europeos fueron cicateros: pocos o ningunos se alinearon en contra de esta guerra. Y ¿cómo entender eso de la Europa de los pueblos? Como eslogan no está mal pero después de Srbrenica no me lo creo; no hay quién se lo crea. El libro habría que releerlo; está editado por El País-Aguilar.
