Braque y Picasso: cubismo analítico y cubismo sintético

Bárbara Carpi: Guitarra y velador. Óleo sobre lienzo. Foto: Bárbara.

«No hace falta imitar lo que se quiere crear», máxima de Braque extraída de su diario «El Día y la Noche (1917-1952)», que bien puede servir para los que, como ellos, abrieron nuevos caminos. Georges Braque, nacido el 13 de mayo de 1882 en Argenteuil, muere a los 81 años en París. Pintor y escultor en su primera época, abraza el fauvismo con entusiasmo; cuando a través del poeta Apollinaire conoce a Picasso y visita el estudio de este en el después famoso Bateau-Lavoir y ve «Les demoiselles d’Avignon», su pintura da un giro copernicano: cansado de la preeminencia del color de los fauvistas y, tras conocer la obra de Cézanne, el nuevo lenguaje de Picasso lo embarcará en un proceso que dará lugar al nacimiento del «cubismo analítico», donde los planos sustituyen a los volúmenes y el espacio cobra su máxima importancia; el color pasará a ser algo secundario -para algunos críticos-, aunque yo pienso que es una armonía diferente la que se crea. Durante el verano de 1912, Picasso y él pasan dos meses en Sorgues (¡siempre la Provenza!), cerca de Avignon. Comparten, en ese momento, amistad e idéntico lenguaje que más tarde dará lugar al llamado «cubismo sintético» en el que, según Apollinaire, «el color vuelve a cobrar importancia». Será tras la segunda guerra mundial cuando cada cual siga su propio camino; Picasso abriendo surcos nuevos hasta el día de su muerte y Braque creando sus famosos bodegones. Los dos realizarán decorados y figurines  para balés de bailarines de la talla de Diaghileff.

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