A la fascinante personalidad de Edith Wharton es difícil sustraerse. Su peripecia vital, primero en Nueva York, después en París, y su producción literaria podrían sin dificultad abarcar varias vidas. Como mujer que vive entre dos siglos es testigo e historiadora del periodo que abarca desde la fecha de su nacimiento en Nueva York en 1864 hasta su muerte el 11 de agosto de 1937 en Saint-Brice-sous-Forêt, cerca de París. Como las grandes personalidades que realizaron su obra de madurez a principios del siglo XX (por qué este periodo es tan rico, Picasso como ejemplo), está dotada de una capacidad extraordinariamente fértil que se manifiesta en una producción que abarca la novela, el relato, los libros de viajes, la poesía, el diseño, la decoración; por si esto no fuera poco, rompe los esquemas de lo que se esperaba de una mujer de la alta burguesía americana, posición que abandona para vivir en Europa. El ambiente artístico de Montmartre y Montparnasse, que atrae a creadores de todo el mundo, ejerce también sobre ella el magnetismo de esos años dorados. Vivía en la famosa rue de Varenne, donde recibía a amigos de la talla de Henry James, Cocteau, Scott Fitzgerald, Hemingway…. Wharton, apasionada luchadora en favor de los refugiados durante la segunda guerra mundial, trabajó para el gobierno francés y para la Cruz Roja, y fue galardonada por su labor humanitaria con la Legión de Honor. En 1921 su novela «La edad de la inocencia» ganó el Premio Pulitzer. Fue la primera mujer Doctor Honoris Causa de la Universidad de Yale y miembro de la Academia Americana de las Artes y las Letras. Es imposible aquí enumerar toda su obra, pero sí es imprescindible citar «Etham Frome» y «La casa de la alegría». Personalmente me gustan los relatos de fantasmas como «Kerfol», «Después», «La campanilla de la doncella»…. Todos aquellos escritores que utilizan la ironía como elemento ácido y corrosivo para denostar unos usos o sistemas sociales determinados me gustan de manera especial. Y si a esto se une una aguda sicología, que da cuerpo, carne a los personajes, estamos ante Edith Wharton en estado puro. Enorme escritora. Mujer libre.
