Para muchas personas supervivientes, y para las familias que han perdido algo irreparable como es la muerte de un ser querido, hoy es un día difícil de sobrellevar. En el calendario es solo una fecha, 11 de marzo. Fukushima y Madrid hoy, unidos por el dolor ya para siempre a miles de kilómetros, enlazados en un abrazo solidario. Hace un rato, en Atocha, se ha celebrado un homenaje a las victimas, un homenaje aún politizado al cabo de ocho años. No voy a entrar al trapo; hoy debería ser un día para el dolor, sin colores, sin partidismos; solo nuestro grito contra el terrorismo ciego, fanático, bárbaro. Lamentablemente, detrás de cualquier fanatismo, hoy en 2012, la raíz sigue siendo religiosa (me pregunto si no ha llegado el momento de que la religión sea un acto íntimo, privado). Esta mañana en Japón se ha celebrado otro acto presidido por los emperadores como muestra del dolor por la pérdida de 15.000 personas. Japón y Madrid, hoy hermanados por el dolor. Sin olvidar.
